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Álvaro Leyva acusa a Petro de problemas de drogadicción en carta reveladora
En un momento de alta tensión política, el excanciller Álvaro Leyva ha lanzado una bomba de profundidad que sacude los cimientos del gobierno del presidente Gustavo Petro. En una carta dirigida directamente al mandatario, Leyva revela no solo su desencanto personal y político, sino una serie de episodios que cuestionan la conducción del Estado, la salud del presidente y la estabilidad institucional de Colombia.
La misiva, fechada el 22 de abril pero publicada este miércoles, es un retrato íntimo y crudo de un gobierno cada vez más aislado, fragmentado y errático. Leyva, quien hasta hace poco era considerado uno de los hombres más leales al presidente, describe una experiencia dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores marcada por el desdén, la exclusión y la desilusión.
Un gabinete en la sombra
Uno de los puntos más delicados de la carta tiene que ver con el acceso —o más bien, la falta de este— que Leyva tuvo al presidente. El exfuncionario denuncia que nunca logró discutir con Petro una visión conjunta de la política exterior. En su lugar, su contacto con el jefe de Estado fue mediado por Laura Sarabia, a quien describe como dueña del tiempo y los asuntos del mandatario. Este testimonio confirma los rumores de una Casa de Nariño gobernada por un círculo cerrado y poderoso, más allá del gabinete oficial.
Benedetti, adicciones y escándalos
Quizá el pasaje más explosivo de la carta es aquel en el que Leyva afirma haber confirmado que el presidente tiene un problema de drogadicción, y que el embajador Armando Benedetti también presentaba signos de adicción. La afirmación no es menor. Proviene de un alto funcionario del Estado y no de un rumor sin fundamento. Leyva sostiene que fue en París donde observó comportamientos que lo llevaron a esa conclusión. La gravedad del señalamiento trasciende lo personal y se instala de lleno en el terreno de lo político e institucional.
En un país donde la salud del presidente —física y mental— es un asunto de interés nacional, lo dicho por Leyva abre una caja de Pandora que muchos temían tocar. ¿Está Petro en condiciones de gobernar? ¿Qué tan ciertas son las versiones sobre su inestabilidad emocional y sus ausencias? ¿Qué tanto poder tienen los funcionarios de confianza que lo rodean?
Silencios peligrosos y señales de alarma
El excanciller no se guarda nada. Habla de incumplimientos, viajes sin sentido, frases incoherentes y compañías cuestionables. Describe a un presidente solo, ansioso y deprimido, según personas de su entorno cercano. Este retrato psicológico, aunque alarmante, no parece responder al despecho o la venganza, sino a un grito de advertencia. “Evitemos un incendio social”, escribe Leyva al final, como si supiera que lo que está por venir podría ser peor que todo lo vivido hasta ahora.
Más allá del tono personal, la carta plantea un debate urgente sobre la transparencia, la responsabilidad y el equilibrio del poder. ¿Debe el Congreso abrir un proceso para indagar estas afirmaciones? ¿Qué dice la Fiscalía, la Procuraduría, los entes de control? ¿Y los ministros que siguen en silencio?
Conclusión: cuando el fuego viene de adentro
Álvaro Leyva ha hecho algo que pocos se atreven: desafiar a quien ayudó a llegar al poder. Lo hace con el peso de su trayectoria, pero también con el hartazgo de quien vio demasiado y calló durante mucho tiempo. En una Colombia crispada, donde las fronteras entre oposición y oficialismo están cada vez más difusas, su carta no es solo un testimonio: es una advertencia que, de ignorarse, podría marcar el inicio de una crisis mayor.





