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El año 2026 será decisivo para el futuro político de América Latina. Cinco países de la región acudirán a las urnas para elegir presidente y renovar sus congresos, entre ellos Brasil y Colombia, dos de las democracias más grandes del continente y actuales bastiones de la izquierda latinoamericana.
Pero más allá de los liderazgos locales y la polarización interna, un factor externo emerge con fuerza en el tablero electoral: la posible influencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien en 2025 ya demostró estar dispuesto a intervenir política y económicamente en procesos electorales de la región.
Un calendario electoral clave
De acuerdo con los cronogramas oficiales, este será el calendario electoral de América Latina en 2026:
Costa Rica: elecciones presidenciales y legislativas el 1 de febrero; eventual segunda vuelta el 5 de abril.
Perú: elecciones presidenciales y legislativas el 2 de abril; posible balotaje el 7 de junio.
Colombia: elecciones legislativas el 8 de marzo; primera vuelta presidencial el 31 de mayo; segunda vuelta el 21 de junio.
Haití: elecciones generales el 30 de agosto; eventual balotaje el 6 de diciembre.
Brasil: elecciones generales el 4 de octubre; balotaje presidencial el 25 de octubre.
Las primeras en abrir el calendario serán las costarricenses, marcadas por la polémica tras la solicitud —rechazada por el Congreso— de levantar el fuero al presidente Rodrigo Chaves por presunta intervención electoral. Aunque Chaves no puede reelegirse, su alta popularidad podría favorecer a la candidata de su partido, Laura Fernández, en un escenario con múltiples contendores.
Perú: fragmentación e incertidumbre
En Perú, la elección del 2 de abril se perfila como una de las más impredecibles de la región. Al menos 34 candidatos aspiran a la presidencia, reflejo de una profunda fragmentación política. Ninguno supera, por ahora, el 50% de intención de voto, lo que hace casi inevitable una segunda vuelta.
Entre los nombres más conocidos figuran Rafael López Aliaga, alcalde de Lima y declarado simpatizante de Trump, y Keiko Fujimori, en su cuarto intento por alcanzar la presidencia. Sin embargo, el hartazgo ciudadano y la crisis de seguridad podrían abrir la puerta a una figura inesperada, como ocurrió en 2021 con Pedro Castillo.
Colombia y Brasil: dos pruebas clave para la izquierda
En Colombia, el ciclo electoral será largo y altamente polarizado. Con Gustavo Petro impedido constitucionalmente para reelegirse y altos niveles de desaprobación, pero con una base electoral sólida cercana al 30%, la izquierda buscará retener el poder frente a una oposición amplia y fragmentada.
La campaña estará atravesada por temas sensibles como la seguridad, la política de “Paz Total” y la relación con Estados Unidos, en un contexto donde el Gobierno colombiano ya ha recibido sanciones de Washington por presuntas fallas en la lucha contra el narcotráfico.
En Brasil, la elección del 4 de octubre podría definir el rumbo político de toda la región. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva aparece bien posicionado para buscar la reelección, frente a una derecha debilitada tras la condena del exmandatario Jair Bolsonaro por intento de golpe de Estado.
Sin embargo, la edad de Lula —80 años— y la falta de un heredero político claro mantienen la incertidumbre. Del lado conservador, suenan alternativas como los gobernadores Tarcísio de Freitas, Ratinho Junior y Romeu Zema, aunque la fragmentación podría favorecer al actual mandatario.
Haití: elecciones bajo la amenaza de la violencia
Entre Colombia y Brasil, Haití intentará celebrar sus primeras elecciones en casi una década, en medio de una grave crisis humanitaria y el control territorial de bandas armadas. Aunque hay fechas fijadas, las autoridades han advertido que sin garantías de seguridad y financiación, los comicios podrían volver a aplazarse.
El factor Trump
Donald Trump ya dejó huella en la política latinoamericana en 2025, al respaldar abiertamente a candidatos de derecha en Argentina, Honduras y Ecuador, acompañando su apoyo con advertencias sobre recortes de ayuda económica. En todos esos casos, las opciones alineadas con Washington resultaron vencedoras.
Según la analista Cynthia Arnson, de la Universidad Johns Hopkins, “a un nivel sin precedentes desde el fin de la Guerra Fría, el gobierno de Trump ha puesto su dedo en la balanza para influir en los procesos políticos de América Latina”.
No obstante, el caso de Brasil demostró que esa estrategia puede tener efectos contrarios. Las sanciones y presiones de Trump contra el gobierno de Lula terminaron reforzando el discurso de soberanía del presidente brasileño y mejoraron su imagen interna.
En Colombia, una intervención abierta de Trump podría generar un efecto similar. Aunque la relación bilateral es clave para el país, analistas advierten que una injerencia directa podría provocar una reacción nacionalista adversa, como ya ocurrió en Brasil.
Un año decisivo
Las elecciones de 2026 no solo definirán gobiernos, sino el equilibrio ideológico de América Latina. Una eventual derrota de la izquierda en Brasil o Colombia profundizaría el giro conservador de la región; una victoria, en cambio, podría frenar esa tendencia.
En ese escenario, la gran incógnita sigue abierta: ¿hasta dónde llegará la influencia de Trump y cuánto resistirán las democracias latinoamericanas esa presión externa?





