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La crisis del sistema de salud colombiano ya no es solo un debate interno. Ahora quedó documentada por una de las publicaciones médicas más influyentes del mundo. El British Medical Journal (BMJ) publicó recientemente un análisis en el que sostiene que decisiones políticas recientes deterioraron de forma grave un modelo que durante décadas fue considerado ejemplar en América Latina.
El artículo, titulado How politics destroyed Colombia’s model healthcare system, describe cómo un sistema que logró cobertura cercana al 99 %, bajo gasto de bolsillo y reconocimiento internacional terminó enfrentando cierres de servicios, desabastecimiento de medicamentos esenciales, demoras prolongadas en la atención y rechazo de pacientes, especialmente aquellos con enfermedades crónicas.
Según la publicación, el deterioro no ocurrió de manera súbita. Primero aparecieron retrasos administrativos y problemas de financiación. Luego se profundizaron las fallas: urgencias operando por encima de su capacidad, maternidades y unidades neonatales cerradas, y programas de formación médica cancelados, lo que compromete la sostenibilidad del sistema a largo plazo.
El BMJ señala que las reformas impulsadas por el Gobierno del presidente Gustavo Petro, orientadas a un cambio estructural del modelo, no lograron resolver los problemas financieros existentes y, por el contrario, los agravaron. Tras el fracaso de la reforma en el Congreso, el Ejecutivo optó por decretos e intervenciones a varias EPS, lo que dejó bajo control estatal cerca del 60 % de los recursos del sistema. Para la revista, esta concentración de manejo no estuvo acompañada de una capacidad técnica suficiente ni de mecanismos claros de transparencia.
El impacto humano ocupa un lugar central en el análisis. Pacientes y organizaciones advierten sobre dificultades crecientes para acceder a citas, tratamientos y medicamentos, lo que ha obligado a muchos a acudir a servicios privados, una alternativa inaccesible para la mayoría de la población. Denis Silva, vocero de Pacientes Colombia, citado por la revista, resume el problema con una frase contundente: “El cáncer no distingue entre ideologías. La gente está muriendo innecesariamente”.
Expertos internacionales también advierten que la crisis pudo haberse evitado. Andrés Vecino, investigador de la Universidad Johns Hopkins, sostiene que el debilitamiento financiero del sistema y la inestabilidad institucional pusieron en riesgo millones de vidas y evidencian la necesidad de proteger los sistemas de salud de la interferencia política.
El BMJ recuerda que Colombia fue durante años destacada por la OMS, el Banco Mundial y The Lancet por su eficiencia, a pesar de tener un gasto per cápita menor al de varios países de la región. Precisamente por eso, el caso colombiano se presenta como una advertencia para otros países: las reformas sanitarias impulsadas sin gradualidad, respaldo técnico y estabilidad institucional pueden tener consecuencias profundas y duraderas.
Más allá de la controversia política, el mensaje de la revista es claro. La salud pública no puede convertirse en un campo de experimentación ideológica ni en un instrumento de confrontación. Cuando las decisiones se toman sin medir su impacto real, el costo no se refleja en cifras o discursos, sino en la vida de los pacientes.





