
Mientras firmaban paz en las mesas, reclutaban a tus hijos en los territorios
septiembre 9, 2026Memoria corta: Claudia López olvida su denuncia ante la CIDH y se une a Petro
Hay pocas frases que resuman mejor la política colombiana que «la política es dinámica», y pocos ejemplos tan ilustrativos de esa dinámica como la relación entre Gustavo Petro y Claudia López. La misma mujer que hace apenas cuatro meses acudió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para denunciar al entonces presidente por lo que ella calificó como «sicariato político» en su contra, hoy aparece del brazo del expresidente en una fotografía que Petro presentó como el inicio de una «Alianza por la vida» de cara a las elecciones regionales de 2027.
Un abrazo con mensaje incluido
La imagen, publicada por el propio Petro en X, lo muestra abrazado con la exalcaldesa de Bogotá en lo que parece ser la sala de una vivienda particular. El mensaje que la acompañó no dejó lugar a ambigüedades sobre las intenciones políticas detrás del gesto: el expresidente habló de la «hora de la máxima unidad ante la antidemocracia y la antipatria», y llamó a que esa alianza llegue «al más último rincón de Colombia» para lograr el mayor número posible de curules, alcaldías y gobernaciones. Cerró su pronunciamiento señalando que esa coalición, hoy en la oposición al Gobierno de Abelardo de la Espriella, debe estar lista para reemplazar lo que él describió como «un gobierno extranjero e incapaz».
Una relación de casi quince años, marcada por ciclos
Para entender la magnitud del giro, hay que remontarse a una relación política que se remonta, al menos, a 2014, cuando López era senadora y Petro alcalde de Bogotá. Los desencuentros entre ambos han sido una constante desde entonces: en 2015 protagonizaron cruces por lo que López consideraba una intervención indebida de Petro en las elecciones regionales de ese año, y en 2018, siendo ella fórmula vicepresidencial de Sergio Fajardo, llegó a recordarle públicamente su cercanía histórica con Hugo Chávez y su tardía disposición a calificarlo de dictador. Pese a esas diferencias, López terminó apoyando a Petro en la segunda vuelta de esas elecciones frente al uribista Iván Duque.
La relación volvió a tensionarse cuando López asumió la Alcaldía de Bogotá en 2020. El propio Pacto Histórico se declaró entonces independiente de su administración, y durante el paro nacional de 2021 la alcaldesa llegó a pedirle públicamente a Petro que no siguiera «incendiando» al país ni usando a los jóvenes como lo que ella describió como «carne de cañón». Sin embargo, cuando Petro ganó la Presidencia en 2022, López celebró el triunfo y habló de comenzar a escribir «una nueva página en la historia de Colombia». Esa cercanía duró poco: entre 2022 y 2023, mientras ambos coincidieron en el poder, proyectos como la primera línea del metro de Bogotá volvieron a distanciarlos.
El punto más bajo: la denuncia ante la CIDH
El episodio que hace más llamativo este nuevo capítulo ocurrió apenas en mayo pasado, en plena campaña presidencial de 2026. A una semana de la primera vuelta, López —entonces candidata presidencial y ya alejada del petrismo— denunció formalmente a Petro ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, acusándolo de ejercer lo que calificó como violencia y sicariato político en su contra, de construir una narrativa falsa sobre una supuesta traición de su parte, y de intervenir indebidamente en la contienda electoral. Pese a esa confrontación directa, López terminó apoyando en segunda vuelta al candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda.
¿Pragmatismo electoral o memoria corta?
Vista en perspectiva, esta nueva alianza no es tanto una sorpresa como la confirmación de un patrón: Petro y López han oscilado durante más de una década entre el enfrentamiento abierto y la conveniencia política compartida, generalmente activada por la proximidad de un proceso electoral. Lo que hace distinto este episodio es la velocidad del giro: de una denuncia internacional por presunto sicariato político a una fotografía de abrazo y una consigna de unidad, en apenas cuatro meses.
Para los críticos de ambos, el episodio confirma que las alianzas dentro y alrededor del Pacto Histórico responden menos a coincidencias ideológicas profundas que al cálculo electoral de cara a 2027, cuando estarán en juego alcaldías y gobernaciones clave, incluida la propia Alcaldía de Bogotá que López dejó hace menos de dos años. Para sus defensores, en cambio, se trata simplemente de la naturaleza de la política democrática: rivales de ayer pueden convertirse en aliados de mañana si comparten un objetivo común, en este caso, hacerle oposición conjunta al gobierno de Abelardo de la Espriella.
Lo que sí queda claro es que, en la política colombiana, pocas cosas son tan predecibles como la imprevisibilidad de sus propios protagonistas.





