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marzo 19, 2026Antioquia reacciona a palabras de Iván Cepeda: Crece el debate entre memoria y estigmatización
El ambiente político en Antioquia atraviesa uno de sus momentos más tensos en lo corrido de la campaña presidencial. En el centro de la controversia está el senador y candidato Iván Cepeda Castro, cuyas declaraciones sobre el departamento desataron una ola de reacciones políticas, institucionales y sociales que hoy siguen escalando.
Lo ocurrido en los últimos días no es un hecho aislado, sino la convergencia de tres elementos que han elevado la temperatura del debate: discurso político, movilización social y disputa por la narrativa histórica.
De las declaraciones al rechazo institucional
La frase que detonó la polémica —en la que Cepeda señaló a Antioquia como “cuna de la parapolítica, la narcoeconomía y el terrorismo de Estado”— fue interpretada por amplios sectores como una estigmatización del departamento.
La respuesta no tardó. El 17 de marzo, la Asamblea Departamental lo declaró “persona no grata”, con el respaldo de 14 diputados, en un pronunciamiento que evidenció el rechazo de sectores políticos y empresariales.
A esta reacción se sumaron figuras clave como el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, y el gobernador Andrés Julián Rendón, quienes lideraron una cumbre con mandatarios locales en la que se cuestionó lo que consideran una visión reduccionista de la región.
Incluso el presidente Gustavo Petro intervino en el debate, defendiendo parcialmente el contexto histórico de las afirmaciones, pero reconociendo el valor y la identidad de los antioqueños.
La minga, la movilización y la sospecha política
En paralelo, la llegada de cerca de 500 indígenas a Medellín, con bloqueos en La Alpujarra —centro administrativo de la ciudad—, añadió un componente de tensión territorial.
El concejal Alejandro De Bedout denunció que la movilización podría estar vinculada a un evento político de Cepeda, incluso sugiriendo un posible uso de recursos para “legalizar” la logística de campaña.
Aunque estas afirmaciones no han sido probadas, sí lograron posicionar una narrativa de sospecha en medio del ya caldeado ambiente político.
La controversia aumentó con versiones sobre una supuesta visita del candidato el 18 de marzo. Sin embargo, el propio Cepeda desmintió esa información y confirmó que su presencia en Medellín está prevista para el 28 de marzo, en un acto masivo de campaña.
Memoria histórica vs. estigmatización: el fondo del debate
Más allá del ruido político, lo que está en juego es una discusión de fondo:
¿hasta dónde llega la memoria histórica y dónde comienza la estigmatización?
Mientras sectores institucionales consideran que las declaraciones de Cepeda afectan la reputación del departamento, organizaciones de víctimas, defensores de derechos humanos y líderes sociales han salido en su respaldo.
Para estos últimos, hablar de parapolítica o narcoviolencia en Antioquia no es una generalización injusta, sino el reconocimiento de hechos documentados del conflicto armado.
“Negar esa realidad invisibiliza a las víctimas”, han señalado, en una postura que contrasta con la defensa institucional del “buen nombre” del departamento.
Una campaña que se juega también en el relato
El episodio refleja cómo la campaña presidencial no solo se libra en propuestas, sino también en el terreno simbólico: el relato sobre el país, su historia y sus regiones.
Cepeda, por su trayectoria ligada a la defensa de derechos humanos, insiste en que sus palabras fueron descontextualizadas y que también ha reconocido el aporte económico y cultural de Antioquia.
Sin embargo, el daño político ya está hecho. La narrativa de confrontación ha calado y ha sido aprovechada por sus contradictores.
Lo que viene: más tensión, más polarización
Con un evento confirmado para el 28 de marzo en Medellín y nuevas adhesiones políticas en camino, la campaña de Cepeda entra en una fase decisiva en una región históricamente adversa para su corriente política.
Lo ocurrido deja una conclusión clara:
Antioquia no solo es un territorio electoral clave, sino también un escenario donde se disputa la interpretación del pasado y su impacto en el presente político.
Y en esa disputa, lejos de bajar, la tensión parece apenas comenzar.





