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El ascenso de Nayib Bukele a la presidencia de El Salvador, un fenómeno político que ha transformado el país en la última década, tiene un trasfondo oscuro y complicado: su relación con las pandillas. A lo largo de su carrera, las maras, en particular la Mara Salvatrucha (MS) y la facción Revolucionaria del Barrio 18, jugaron un papel decisivo en su consolidación como figura política central. Desde sus inicios como alcalde de San Salvador en 2015 hasta su llegada a la presidencia en 2019, la influencia de estos grupos criminales fue clave en su ascenso.
El Auge de Bukele: Pandillas como Aliadas Estratégicas
En su periodo como alcalde de la capital, Bukele no solo tuvo que enfrentarse a los desafíos de gobernar una ciudad con graves problemas de inseguridad y pobreza, sino que también se vio en la necesidad de negociar con las pandillas que dominaban el territorio de San Salvador, especialmente en el centro histórico. Las maras controlaban áreas clave del municipio y, a través de una serie de acuerdos tácitos, Bukele logró garantizar su apoyo para las elecciones de 2015.
Según testimonios de miembros de las pandillas, como el conocido Cartagena, hubo un acuerdo monetario que facilitó el respaldo de las maras a la candidatura de Bukele. En este acuerdo, las pandillas no solo recibían dinero, sino también un trato preferencial en proyectos clave como el Mercado Cuscatlán, un emblemático proyecto de la alcaldía que Bukele presentó como una solución a los vendedores informales del centro de la capital.
A cambio, las pandillas recibían puestos de venta dentro del mercado, donde podían alquilarlos o venderlos a otras personas, lo que les aseguraba una fuente constante de ingresos. La cooperación de las pandillas no solo garantizó el control del espacio público, sino que también se tradujo en una presión directa sobre los votantes. Miembros de las pandillas influyeron en la población local para que votara por Bukele, utilizando su control social y amenazas para garantizar la victoria electoral del entonces alcalde.
Un Proyecto Fallido y una Relación Prolongada
El Mercado Cuscatlán, que se suponía sería la joya de la administración de Bukele, resultó ser un fracaso económico. A pesar de los beneficios iniciales para las pandillas, la falta de éxito en el modelo comercial dejó a muchos involucrados con más deudas que ganancias. No obstante, lo que sí funcionó fue la consolidación de Bukele como líder dentro de San Salvador. La relación con las pandillas, lejos de ser superficial, fue una parte esencial de su ascenso al poder.
La figura de Carlos Marroquín, conocido como Slip, y sus vínculos con los grupos criminales, jugaron un papel fundamental. Marroquín, quien dirigía la Unidad de Reconstrucción del Tejido Social, mantuvo una estrecha relación con las pandillas, facilitando acuerdos y negociaciones entre ellas y la alcaldía. Además, personajes como Denis Salinas y Escar (actuales diputados) formaban parte de este entramado, estableciendo una red de contactos que garantizaba la protección y cooperación de las maras en las políticas municipales de Bukele.
El Viraje: De la Colaboración a la Guerra Abierta
Sin embargo, el vínculo con las pandillas no fue eterno. En 2022, después de una masacre perpetrada por las maras, Bukele, ya presidente de El Salvador, optó por una ruptura radical con las pandillas. La relación, que comenzó con acuerdos discretos, terminó en un giro de 180 grados. Bukele declaró el estado de excepción, implementando su famosa política de mano dura contra las pandillas, lo que incluyó una serie de operativos masivos y arrestos de miles de pandilleros.
La ruptura fue un golpe para los grupos criminales, que se vieron desplazados de su poder territorial y perdieron el trato preferencial que habían disfrutado durante la alcaldía de Bukele. Sin embargo, la pregunta que persiste es si esta política de mano dura es suficiente para erradicar el poder de las pandillas o si, por el contrario, solo marcará el inicio de una nueva etapa de violencia y enfrentamientos en El Salvador.
Reflexiones sobre la Política de Seguridad y el Futuro de El Salvador
El ascenso de Nayib Bukele está indiscutiblemente ligado al papel que las pandillas jugaron en su carrera política. Su capacidad para negociar con ellas, asegurándose su apoyo electoral y permitiendo el control territorial a cambio de favores económicos y sociales, fue un factor crucial para su victoria en las elecciones de 2015.
Sin embargo, la ruptura de esos acuerdos, que llegó con el inicio de la presidencia de Bukele, ha dejado un escenario complicado para el país. La política de mano dura ha generado tanto apoyo popular como críticas sobre su efectividad y sus implicaciones en los derechos humanos. La pregunta ahora es si el estado de excepción y las políticas represivas podrán, finalmente, desmantelar a las pandillas y garantizar la seguridad de los salvadoreños, o si estos grupos encontrarán nuevas formas de adaptarse y sobrevivir.
Lo que está claro es que la relación de Bukele con las pandillas ha sido una de las más controversiales en la historia reciente de El Salvador, y su evolución será clave para entender el futuro del país en términos de seguridad, gobernabilidad y justicia social.





