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Sheinbaum, víctima de agresión sexual en público: la misoginia sigue marcando el poder
La violencia contra las mujeres en el poder no se detiene en fronteras ni cargos. La reciente agresión sufrida por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, reaviva el debate sobre la misoginia estructural que atraviesa la política y la sociedad.
El martes, durante un acto público, un hombre se acercó a la presidenta y la tocó sin su consentimiento, intentando además besarla ante las cámaras y el público presente. El hecho, que generó indignación dentro y fuera de México, fue catalogado por expertas como un acto de “disciplinamiento patriarcal”: un recordatorio violento de que, incluso en los más altos cargos, las mujeres siguen siendo vulnerables al acoso y la agresión.
Para Nuria Varela, autora de El síndrome Borgen. Por qué las mujeres abandonan la política, la agresión encierra un mensaje simbólico de control. “Cada vez que una mujer ocupa un espacio de poder, el sistema patriarcal reacciona con violencia. Es la manera de decirnos que seguimos invadiendo un terreno que no nos pertenece”, explicó.
Un mensaje que trasciende fronteras
La agresión a Sheinbaum no es un hecho aislado. En distintos países, las mujeres que participan en política enfrentan acoso sexual, insultos con connotaciones sexuales y campañas de desprestigio. En Brasil, la destitución de Dilma Rousseff estuvo marcada por un fuerte componente machista. En España, la exministra Bibiana Aído fue objeto de insultos y acoso mediático. En Argentina, Cristina Fernández de Kirchner sobrevivió a un intento de asesinato tras años de ataques sexistas.
Según ONU Mujeres, más del 80% de las líderes políticas en América Latina han sufrido algún tipo de violencia de género, tanto en redes como en espacios institucionales.
El peso simbólico del cuerpo femenino en el poder
El hecho de que la agresión haya ocurrido en público, frente a cámaras, refuerza la idea de que ni el poder protege del machismo. “Es un mensaje a todas las mujeres: no importa si eres presidenta o estudiante, tu cuerpo sigue siendo objeto de invasión y control”, afirma la periodista argentina Ingrid Beck, experta en violencia política de género.
En redes sociales, miles de mujeres replicaron el mensaje con el hashtag #NoEsUnCasoAislado, recordando que la violencia contra Sheinbaum refleja lo que viven diariamente millones de mujeres en el espacio público y laboral.
Denunciar también es gobernar
Sheinbaum, la primera mujer en ocupar la presidencia de México, no guardó silencio. Su decisión de denunciar públicamente el hecho fue vista como un acto político y feminista. “Nombrar la violencia es el primer paso para erradicarla”, escribió en redes sociales la directora del Instituto de las Mujeres de España, Cristina Hernández.
En un país donde el 45% de las mexicanas afirma haber sufrido acoso sexual, el gesto de Sheinbaum tiene un alcance que trasciende la frontera mexicana. Representa un desafío al silencio, una forma de romper el pacto social que normaliza la agresión.
Un problema estructural
La agresión contra la mandataria pone sobre la mesa un tema que los movimientos feministas llevan años denunciando: el machismo no es solo un problema cultural, sino también político e institucional. Desde las esferas más altas del poder hasta la vida cotidiana, la violencia contra las mujeres sigue siendo una herramienta de control y exclusión.
“Mientras el cuerpo de una mujer siga siendo un campo de disputa, la democracia seguirá siendo incompleta”, concluye Varela.





