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Mientras el líder de Salvación Nacional, Enrique Gómez, recorre las calles de Jamundí denunciando la «invasión de vallas» del Partido Verde, surge una pregunta incómoda que retumba en todo el departamento: ¿De dónde sale tanto dinero para inundar el Valle del Cauca de publicidad? La respuesta parece no estar en las urnas, sino en Bogotá, específicamente en las oficinas del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA).
El mensaje oculto de las vallas
Como bien dice Enrique Gómez: «La valla no es para hablar con el votante, es para avisarle a los mercaderes de votos que hay billete». Según el dirigente, el exceso de publicidad exterior es la señal de humo que envían los politiqueros para demostrar que tienen la «aceitadora» lista para el día de la elección.
En el Valle, el nombre que más resuena en este despliegue de opulencia publicitaria es el del representante Duvalier Sánchez. Pero, ¿cómo sostiene un «alternativo» semejante despliegue económico?
El ICA: La «Caja Menor» del Clan Amaya
Aquí es donde los hilos conducen al conocido «Pragmatismo Amaya». La reciente confirmación de Paula Andrea Cepeda Rodríguez —quien fuera gerente de campaña del riñón de Carlos Amaya y su mano derecha en Boyacá— como directora nacional del ICA, no parece ser un nombramiento técnico, sino una fría movida de ajedrez burocrático.
El ICA ha dejado de ser la entidad técnica que cuida el campo colombiano para convertirse, presuntamente, en el fortín de la «minibancada» petrista-verde:
Intercambio de favores: Duvalier Sánchez (Valle), Carolina Espitia (Boyacá) y Elkin Ospina (Antioquia) han sido piezas clave para votar las reformas del Gobierno Petro. A cambio, la burocracia estatal parece haberles abierto las puertas de par en par.
Recomendados y cuotas: Se denuncia que el ICA se ha llenado de contratistas y «recomendados» que responden directamente a las órdenes de Duvalier y Amaya, creando una estructura de poder paralela.
El nexo personal: Los fuertes rumores sobre la estrecha relación entre la directora Paula Cepeda y el entorno de poder de los verdes —incluyendo señalamientos de ser el nexo sentimental que une estos intereses— solo confirman que la entidad se estaría manejando como un negocio de familia y amigos.
Maquinaria pura y dura
La conexión es cínica y evidente: mientras en los pasillos de Bogotá se reparten los puestos y presupuestos del ICA para asegurar votos en el Congreso, en Jamundí y el resto del Valle se ven los resultados en forma de vallas millonarias.
Es la aplicación perfecta de lo que Enrique Gómez advierte: el uso sistemático de la burocracia estatal para comprar la democracia local.
Duvalier Sánchez posa de «renovador» y «alternativo» en sus redes sociales, pero sus vallas en Jamundí y sus recomendados en el ICA cuentan una historia muy diferente: la historia de la vieja política que hoy se viste de verde para seguir viviendo del Estado a costa del agro colombiano.





