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Escándalo Pegasus: ¿Por qué el presidente Duque nunca fue informado de la compra del software espía?
La reciente revelación sobre la compra del software espía Pegasus por parte de Estados Unidos para apoyar una misión antinarcóticos en Colombia ha abierto un nuevo y complejo capítulo en la investigación sobre el uso de esta herramienta, que involucró a organismos de seguridad nacionales y extranjeros. Esta operación, realizada sin el conocimiento o consentimiento del presidente Iván Duque, no solo ha generado controversia, sino que también ha dejado un sinfín de preguntas sin respuesta.
En principio, la versión oficial de la Casa Blanca asegura que la compra de Pegasus se hizo de manera “lícita”, como parte de un esfuerzo conjunto entre Colombia y Estados Unidos para combatir el narcotráfico. Sin embargo, las dudas empiezan a surgir a partir de la forma en que se manejaron los detalles de la transacción y, en particular, el hecho de que se pagó la suma de 11 millones de dólares en efectivo. Este tipo de transacciones, en la cual no hay trazabilidad electrónica, es poco común en acuerdos de esta naturaleza, lo que invita a cuestionar la transparencia del proceso.
El hecho de que el software espía fuera utilizado durante un tiempo sin que se supiera que estaba involucrado en interceptaciones ilegales, según la versión de los funcionarios estadounidenses, deja una sensación de impreparación o incluso de ignorancia sobre sus potenciales implicaciones. La suspensión de su uso en 2022, tras las denuncias sobre violaciones a la privacidad, refuerza la preocupación sobre la falta de controles en su implementación, especialmente al no haber evidencia de que se haya solicitado una orden judicial para intervenir comunicaciones de ciudadanos colombianos, algo que el presidente Gustavo Petro ha denunciado explícitamente en el marco de las protestas y su propia campaña presidencial.
Lo que también resalta en este caso es la misteriosa falta de conocimiento por parte del presidente Duque sobre esta operación, que según los funcionarios de EE. UU., se llevó a cabo con “estrictos protocolos de seguridad”. Si bien es cierto que en ocasiones el manejo de operaciones de seguridad internacional se realiza de manera discreta, la falta de comunicación con el mandatario colombiano sobre un asunto de esta magnitud pone en duda la efectividad y la coordinación entre el gobierno colombiano y sus aliados internacionales en temas de alta sensibilidad.
Las declaraciones de Petro, quienes han dicho que Pegasus se usó para “chuzar” a opositores políticos y figuras del paro nacional, parecen haber encontrado algo de respaldo en los recientes avances de la investigación, pero aún falta mucho para esclarecer por completo la verdad de los hechos. En este punto, la falta de una justificación clara sobre el uso de Pegasus y la ausencia de una orden judicial valida lo que podría ser una violación de derechos fundamentales.
Lo que está claro es que el uso de Pegasus no solo pone en evidencia las brechas en la seguridad y la privacidad de los ciudadanos colombianos, sino que también plantea un serio cuestionamiento sobre la transparencia en la relación entre el gobierno de Colombia y los Estados Unidos en cuestiones de espionaje y control de la información.
En cuanto a los responsables, la próxima declaración del general (r) Jorge Luis Vargas, quien fuera director de la Policía Nacional bajo el mandato de Duque, será clave. El alto oficial deberá responder sobre las circunstancias en que se adquirió Pegasus, su uso y los alcances que tuvo en el país. Esta declaración podría ayudar a arrojar luz sobre si el entonces gobierno fue totalmente ajeno a la operación o si, por el contrario, hubo un conocimiento tácito o implícito que podría tener consecuencias políticas y jurídicas.
Lo cierto es que, más allá de las explicaciones oficiales, la compra y el uso de Pegasus para la lucha contra el narcotráfico en Colombia abre una profunda reflexión sobre los límites entre la seguridad nacional, el espionaje, la protección de los derechos humanos y la soberanía de un país. Con cada revelación, más preguntas quedan flotando en el aire, dejando a la sociedad colombiana con la sensación de que, quizás, hay muchos secretos aún por descubrir.





