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Redes, emociones y política: cómo Bukele y Milei construyen poder viral
En la era de TikTok, donde lo emocional viraliza y lo racional se diluye, dos líderes latinoamericanos han sabido capitalizar el poder del relato digital: Nayib Bukele, presidente de El Salvador, y Javier Milei, presidente de Argentina. Ambos han convertido las redes sociales en su principal escenario político, entendiendo que gobernar ya no solo es tomar decisiones, sino narrarse a sí mismos.
De presidentes a personajes virales
Bukele y Milei no solo comunican. Interpretan. Cada video, publicación o discurso está cuidadosamente diseñado para generar conexión emocional, indignación o euforia. El presidente salvadoreño publica clips donde aparece como el “presidente más cool del mundo”, lanza frases de alto impacto, despide funcionarios en vivo y muestra su gestión como si fuera una serie de Netflix.
Milei, por su parte, viraliza mensajes directos contra “la casta”, publica videos sin edición para parecer “auténtico” y posiciona conceptos como “el socialismo es una enfermedad del alma”, que funcionan como eslóganes virales, hashtags emocionales que circulan más rápido que cualquier informe técnico.
Ambos entienden que la narrativa política de hoy ya no se libra en los debates parlamentarios, sino en el algoritmo de TikTok, Instagram y X (antes Twitter).
El poder de emocionar (más que informar)
La clave de su éxito no está en la profundidad de sus propuestas, sino en la potencia emocional de sus relatos. Lo importante no es si una promesa es viable, sino si suena redentora. En sus narrativas, el país está en ruinas, la clase política es corrupta, y ellos —y solo ellos— pueden salvarlo. Esta estructura heroica, sencilla pero efectiva, resuena con ciudadanos golpeados por el miedo, el desencanto y la incertidumbre.
El sociólogo Manuel Castells ya hablaba hace más de una década de los “públicos emocionales” creados en la red. Hoy, esa lógica se ha radicalizado. El storytelling político no solo busca informar: busca provocar, entretener y viralizar.
La política como performance
Más que presidentes, Bukele y Milei son performers. Su comunicación es performativa: cada gesto tiene una carga simbólica. Desde el look informal del salvadoreño hasta los gritos libertarios del argentino, cada elemento está pensado para impactar, no para argumentar.
Como en una serie viral, el guion se repite pero funciona: enemigos claros, frases que pegan, emociones extremas, un héroe solitario y un pueblo en crisis.
¿Democracia emocional o democracia espectáculo?
El ascenso del storytelling digital no es en sí negativo. Las emociones movilizan, inspiran y conectan. Pero cuando la emoción sustituye a la razón y el algoritmo reemplaza al debate, la democracia corre riesgos. Una política dominada por la lógica del espectáculo puede volverse volátil, superficial e incluso autoritaria.
Comprender estos nuevos lenguajes digitales no es un lujo: es una necesidad para repensar la política del presente y del futuro. Más allá de juzgar a Bukele o a Milei, urge entender por qué sus formas de comunicar funcionan tan bien, y qué tipo de ciudadanía están ayudando a construir.





