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El Centro Latinoamericano de Especies Menores (CLEM) del SENA en Tuluá, alguna vez una institución modelo en la educación agropecuaria de Colombia y Latinoamérica, se encuentra en un estado alarmante de deterioro e incertidumbre. Lo que solía ser un epicentro de formación técnica de vanguardia, capaz de atraer estudiantes desde todas partes de Colombia e incluso del extranjero, hoy es un ejemplo de la desidia institucional y el uso político que ha sumido a este importante proyecto en el abandono.
La obra estancada: promesas vacías y una inversión sin resultados
En enero de 2021, la dirección nacional del SENA, encabezada por Carlos Mario Estrada Molina, anunció con bombos y platillos una inversión de 43 mil millones de pesos para transformar el CLEM en uno de los centros agropecuarios más modernos de Colombia. La construcción de 35 edificaciones en un moderno complejo parecía garantizar una formación integral y especializada para 60.000 aprendices anuales.
Sin embargo, la realidad es desoladora. La obra, que apenas alcanzó un 44% de avance, está paralizada. De los 43 mil millones prometidos, ya se han gastado 19 mil millones, mientras el resto del presupuesto permanece en una fiducia. ¿Por qué no se ha reactivado la construcción? Nadie parece tener una respuesta clara, y los órganos de control, como la Contraloría, han emitido hallazgos que reflejan graves irregularidades.
El papel de la subdirección y la influencia política
La gestión del actual subdirector, Diego Bolaños, ha sido objeto de duras críticas por parte de la comunidad académica y los ciudadanos. Su cercanía al congresista Duvalier Sánchez del partido Verde ha generado sospechas de una politización que ha priorizado intereses partidistas por encima del desarrollo del CLEM.
A esta inacción se suma el papel del propio congresista Sánchez y otros dirigentes del partido Verde en el Valle del Cauca, quienes, pese a contar con influencia a nivel nacional en la dirección del SENA, han fallado en gestionar soluciones efectivas. El resultado: un centro que alguna vez fue un referente nacional ahora está en ruinas, con instalaciones incompletas, recursos desperdiciados y una comunidad estudiantil abandonada.
Animales vendidos y formación en decadencia
El impacto no se limita a lo estructural. Los animales que eran parte esencial de la formación académica en agropecuaria y especies menores han sido vendidos o sobreviven en condiciones precarias. Esto ha deteriorado significativamente la calidad de la educación y ha reducido las oportunidades de aprendizaje práctico.
Además, los programas académicos han perdido su enfoque especializado en pecuaria, eliminando el diferencial que hacía del CLEM un referente nacional. Los estudiantes ahora enfrentan un panorama desolador: programas descuidados, una infraestructura que se cae a pedazos y una dirección que parece ignorar la gravedad de la situación.
La amenaza de desaparición y el clamor por soluciones
El riesgo es claro: si no se toman medidas inmediatas, el CLEM podría desaparecer. La propuesta de fusión con otras sedes del SENA sería un golpe catastrófico para Tuluá y la región central del Valle del Cauca, que perderían una institución de gran relevancia económica, social y educativa.
Iván Noguera Jiménez, quien asumió la subdirección del CLEM en diciembre de 2024, ha advertido sobre este peligro y ha hecho un llamado urgente a todos los sectores —alcaldes, concejales, diputados y congresistas— para unir esfuerzos y reactivar el proyecto de remodelación. Sin embargo, hasta ahora, la respuesta ha sido tibia.
¿Qué se necesita? Transparencia, voluntad política y acción inmediata
La comunidad académica y los ciudadanos exigen transparencia en el manejo de los recursos, una auditoría exhaustiva y la reactivación inmediata de las obras. También se requiere que los dirigentes políticos, especialmente aquellos con influencia en el SENA, asuman su responsabilidad y dejen de usar la institución como una ficha en sus juegos de poder.
El CLEM de Tuluá no solo es un patrimonio educativo del Valle del Cauca, sino un proyecto estratégico para el desarrollo agropecuario de Colombia. Permitir que esta obra se pierda sería un fracaso colectivo y una vergüenza nacional. ¿Hasta cuándo seguirán las promesas vacías y el abandono? Es hora de actuar antes de que sea demasiado tarde.





