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La consulta interna del petrismo dejó al descubierto una realidad incómoda: el llamado “cambio” giró en reversa y terminó concentrado en prácticas políticas tradicionales, con Armando Benedetti como figura central del poder real, tal como lo admitió el propio Gustavo Petro en el consejo de ministros del 4 de febrero de 2025.
Entre los resultados más llamativos aparece Wilson Arias, hoy convertido en uno de los mayores barones clientelistas del proyecto. Con 171.354 votos, pasó de ser un senador marginal en 2018 —cuando apenas alcanzó 15.279— a consolidar una maquinaria sostenida en el control del Sena y el respaldo burocrático. Su votación contrasta con la derrota de figuras históricas de la izquierda, relegadas sin contemplaciones.
A este bloque se suma Alfredo Mondragón, exintegrante de la llamada primera línea, quien pasó de la protesta callejera al engranaje electoral del petrismo. Su ascenso simboliza la mutación del discurso antisistema hacia la lógica del poder y el cálculo político, alejándose de las banderas que decía representar.
Los números son elocuentes: nueve de los más votados, alineados con estructuras clientelistas y respaldos regionales, concentran cerca del 45 % de los votos válidos, mientras más de 90 candidatos no superaron los 10.000 sufragios. En contraste, líderes con trayectoria ideológica como Alirio Uribe, Andrés Camacho, Feliciano Valencia o Jahel Quiroga quedaron fuera del juego.
El mensaje político es claro: la consulta no fortaleció a la izquierda histórica, sino a un bloque pragmático y burocrático que reproduce las viejas mañas que prometió erradicar. Benedetti marca el rumbo, Wilson Arias administra poder y figuras como Mondragón ilustran el tránsito de la protesta al establecimiento.
Conclusión: el “cambio” no solo se frenó, sino que dio marcha atrás, dejando a la izquierda tradicional como espectadora de un proyecto que hoy se parece cada vez más a lo que juró combatir.





