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Una vez más, la cruda realidad supera la ficción en Colombia. El intento de fuga de Andrés Felipe Marín Silva, alias “Pipe Tuluá”, no solo revela los tentáculos de las bandas criminales dentro del sistema penitenciario, sino que confirma lo que ya es vox populi: La cárcel La Picota no es un centro de reclusión, es un campo de operaciones para el crimen organizado.
El plan de fuga parecía escrito por un guionista de Netflix: suplantación de identidad, disfraz de guardia del INPEC, salida camuflada en bolsas de basura, motocicletas listas y una ruta trazada hasta una finca segura en Cundinamarca. Todo esto a cambio de $800 millones. Es decir, el crimen no solo paga: paga bien, y lo hace dentro de nuestras propias cárceles.
Pero lo que verdaderamente pone los pelos de punta no es el nivel de logística criminal. Es la reacción. Apenas se frustró el escape y se trasladó a “Pipe Tuluá” a una estación policial en Bogotá, llegaron los panfletos: amenazas de muerte contra funcionarios del INPEC. Una advertencia clara y directa de que La Inmaculada, su organización criminal, no juega. Declaran la guerra cuando les tocan a su jefe.
¿Qué dice esto del sistema carcelario colombiano? Que está fracturado, infiltrado y sometido. No hay blindaje suficiente cuando quienes deben vigilar son vulnerables, mal pagados y, en muchos casos, cooptados por la corrupción. Si alias “Matamba” pudo huir como Pedro por su casa, y ahora “Pipe Tuluá” estuvo a horas de lograr lo mismo, ¿quién garantiza que no haya una tercera fuga exitosa?
Este caso debe ser un parte de alerta roja, no solo para el INPEC, sino para el Gobierno en su conjunto. No basta con poner patrullas afuera de las estaciones. Hay que desmontar las redes de complicidad internas, mejorar las condiciones laborales de los guardianes y aplicar medidas penitenciarias de máxima seguridad reales, no decorativas.
Mientras tanto, en Tuluá, Popayán y Armenia —los reinos del terror que dejó “Pipe Tuluá”— la zozobra crece. Porque en Colombia, aún cuando se captura al criminal, la guerra apenas comienza.





