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El Congreso de la República bajó el telón legislativo de 2025 con un claro revés para el Gobierno del presidente Gustavo Petro, que cerró el año sin lograr la aprobación de sus principales reformas y con una relación prácticamente rota con las mayorías parlamentarias. El escenario deja al Ejecutivo sin margen de maniobra en el Capitolio y con la mirada puesta en estrategias alternativas de cara a 2026.
Durante los últimos 12 meses, el Gobierno perdió de manera progresiva su capital político en el Legislativo, en medio de derrotas clave, tensiones internas y una agenda electoral que terminó desplazando el debate de fondo sobre las reformas. Salvo la aprobación del Presupuesto General de la Nación de 2026, ninguna de las grandes apuestas del petrismo logró consolidarse.
Benedetti y la ruptura con el Congreso
En los pasillos del Capitolio, el balance apunta al ministro del Interior, Armando Benedetti, como uno de los grandes perdedores del año, al no lograr sostener las mayorías que inicialmente respaldaron al Ejecutivo. Benedetti, sin embargo, niega esa lectura y asegura que desde hace meses el Gobierno decidió romper con la lógica de la coalición y dejar de operar como puente con el Legislativo.
El punto de quiebre fue la elección de Carlos Camargo como magistrado de la Corte Constitucional, el pasado 3 de septiembre. Pese a los intentos del Ejecutivo por frenar su elección, los partidos tradicionales respaldaron al exdefensor del Pueblo, evidenciando una fractura definitiva con la Casa de Nariño. Desde entonces, el Congreso estuvo marcado por peleas, constancias, falta de quórum y pocas votaciones efectivas.
Presupuesto aprobado, pero con sabor a derrota
La principal victoria del Gobierno fue la aprobación del Presupuesto de 2026 por COP 546,9 billones, aunque se trató de un triunfo parcial. El monto final fue inferior al proyectado inicialmente y COP 16,3 billones dependían de una reforma tributaria que terminó hundida en la Comisión Tercera del Senado.
El fracaso de la tributaria fue uno de los golpes más duros para el Ejecutivo. El propio presidente Petro responsabilizó a la oposición por el impacto fiscal de la decisión y acusó a los congresistas de negarse a gravar a los sectores más ricos. Desde el Gobierno se abrió entonces la puerta a una eventual declaratoria de emergencia económica, una medida que ya genera cuestionamientos jurídicos y políticos.
Reforma a la salud y otras iniciativas en el limbo
Otro revés clave fue el hundimiento definitivo de la reforma a la salud, sepultada nuevamente en la Comisión Séptima del Senado. Aunque el Ejecutivo intentó negociar, no logró sumar los votos necesarios. Benedetti calificó la decisión como “baja y rastrera”, profundizando el choque entre el Gobierno y el Legislativo.
Otras reformas quedaron en estado crítico o con futuro incierto: la Jurisdicción Agraria, el Ministerio de la Igualdad, la ley de competencias y la ley de sometimiento. Esta última, en particular, se vio debilitada por los problemas de la política de “paz total” y la renuncia del exministro de Justicia Eduardo Montealegre.
El plan B del petrismo: fuera del Capitolio
Con el regreso de las sesiones ordinarias previsto para el 16 de marzo, cuando el país ya estará inmerso en la campaña presidencial, el Gobierno asume que el Congreso será un escenario estéril para avanzar en reformas. Por eso, desde la Casa de Nariño se fortalecen alternativas que no pasan por el Legislativo.
Entre ellas, la más polémica es la idea de una asamblea constituyente, que el presidente Petro volvió a mencionar tras el hundimiento de la reforma a la salud. Dirigentes del petrismo, como la senadora María José Pizarro, ya hablan de un proceso liderado por organizaciones sociales, mientras el ministro de Trabajo, Antonio Sanguino, calificó la constituyente como “inevitable”.
Un Congreso en clave electoral
Con este panorama, tanto el oficialismo como la oposición entran de lleno en la carrera hacia 2026. El Congreso queda relegado a debates de control político y pocas votaciones, mientras el pulso real se traslada a las calles, las regiones y las urnas.
Para el presidente Petro, la apuesta es mantenerse vigente en el debate público y convertir sus derrotas legislativas en una bandera electoral. El portazo del Congreso en 2025 no solo cerró un ciclo político, sino que abrió un año decisivo en el que el poder se disputará, más que nunca, fuera del Capitolio.





