
El ‘zar del contrabando’ y la campaña de Petro: nuevos detalles de la polémica financiación
febrero 9, 2025
Trump endurece su política económica con nuevos aranceles: ¿qué sigue?
febrero 11, 2025“La seguridad primero”: Presidente de Fedegán deja negociaciones con el ELN
La reciente decisión de José Félix Lafaurie de retirarse de los diálogos con el ELN pone sobre la mesa una pregunta que el país lleva décadas sin responder: ¿Es posible negociar la paz con un grupo que sigue secuestrando, extorsionando y desplazando comunidades enteras?
Su retiro no debería sorprender a nadie. Desde el inicio de las negociaciones, el presidente de Fedegán representaba un sector que ha sido víctima constante de los ataques del Ejército de Liberación Nacional, una guerrilla que, a diferencia de las FARC en su momento, nunca ha mostrado un interés real en abandonar las armas.
Lafaurie lo dijo sin rodeos: «No me puedo sentar con quienes secuestran a los ganaderos.» Y tiene razón. El secuestro no es un crimen del pasado, ni una práctica esporádica. Sigue siendo una política de guerra del ELN, usada como mecanismo de presión y financiamiento.
El caso de Cristian Serrano, aún en manos del grupo armado, es solo un ejemplo de muchos. ¿Cómo puede el Gobierno sentarse en una mesa de negociación con quienes siguen privando de su libertad a los ciudadanos? ¿Cómo hablar de cese al fuego mientras siguen las extorsiones y los desplazamientos forzados?
¿El fin de un proceso condenado al fracaso?
La salida de Lafaurie de la mesa de diálogos es un golpe duro para el proceso de paz con el ELN, pero también una advertencia. Los mensajes contradictorios del Gobierno—ofreciendo por un lado diálogos y por otro autorizando operaciones militares—hacen que las negociaciones pierdan credibilidad.
Además, la historia ya nos ha enseñado que negociar con el ELN es casi imposible. Basta recordar los intentos fallidos de paz en gobiernos anteriores. Mientras el grupo armado no muestre un compromiso real con el abandono de la violencia, todo intento de diálogo seguirá siendo una ilusión.
Por otro lado, el Gobierno sigue promoviendo políticas agrarias polémicas, como el Decreto de Conmoción Interior 108 de 2025, que plantea la expropiación administrativa de tierras. Pero ¿de qué sirve hablar de reforma agraria cuando los campesinos están huyendo de sus fincas por miedo a ser asesinados o secuestrados? El problema no es la tierra, es la violencia.
Seguridad primero, diálogos después
Si el Gobierno realmente quiere construir paz, debe empezar por garantizar la seguridad en los territorios más afectados. Sin orden ni protección para la población civil, cualquier proceso de negociación está condenado al fracaso.
Lafaurie deja una lección clara con su retiro: la paz no puede construirse con discursos vacíos, sino con hechos.





