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El presidente Gustavo Petro aprovechó su discurso del 20 de julio para vender una narrativa triunfalista sobre los avances en salud durante su gobierno (2022-2024). Según él, la reducción en las tasas de mortalidad infantil y materna se debe a la implementación de un supuesto modelo preventivo que estaría revolucionando el sistema de atención. Pero cuando los datos se miran con lupa, lo que se encuentra es otra historia: la del aprovechamiento político de una tendencia que ya venía en marcha desde hace dos décadas.
Un discurso parcializado y engañoso
Petro mostró cifras de reducción en mortalidad infantil, perinatal y materna entre 2022 y 2024. Pero omitió el contexto histórico: la caída en estos indicadores no es nueva, viene desde 2005. En algunos casos, como la mortalidad infantil en menores de cinco años, la reducción es sostenida desde hace veinte años.
En lugar de reconocer el trabajo acumulado de décadas, el presidente lo presentó como un triunfo exclusivo de su administración, ocultando que factores como las coberturas de vacunación, el acceso a servicios básicos, la mejora en la atención prenatal y la disminución de la pobreza explican buena parte de los avances.
La trampa del “estancamiento”
El mandatario habló de un “estancamiento” de la salud en la última década. Los expertos lo desmienten. Lo que ocurrió fue una desaceleración en la reducción: después de décadas de avances rápidos, los desafíos que quedan son los más complejos (determinantes sociales, inequidades rurales, enfermedades crónicas). Decir que no había mejoría alguna es una mentira disfrazada de estadística.
Expertos desnudan el triunfalismo
Salubristas de la Universidad de los Andes, la Nacional y hasta de Harvard coinciden: atribuir los avances únicamente al modelo preventivo es “una simplificación excesiva”. Luis Jorge Hernández lo dijo claro: los cambios en mortalidad no se deben a una política improvisada de corto plazo, sino a tendencias epidemiológicas, cobertura en servicios y décadas de consolidación en salud pública.
Además, Petro “olvidó” mencionar que la Ley 100 sí incluía acciones de prevención y promoción en salud, aunque con problemas de ejecución. No inventó nada.
El papel de los propagandistas digitales
Lo más grave es que la propaganda oficial no solo se queda en el atril presidencial. Influencers alineados con el gobierno, como Hanwen, amplificaron el discurso como si se tratara de una verdad revelada. El resultado: miles de usuarios repitiendo el relato oficial sin mirar las cifras completas ni escuchar a los expertos. Una estrategia de manipulación digital que busca vender triunfos políticos sobre bases frágiles.
Conclusión: más marketing que salud
Petro convierte tendencias históricas en medallas de su gobierno, usando los datos de forma parcializada y engañosa. La salud pública merece ser analizada con seriedad, no reducida a un slogan de “modelo preventivo” inflado por propaganda digital.
Los datos muestran mejoras, sí, pero no por milagros de la Casa de Nariño. Son el resultado de décadas de esfuerzos, de políticas acumuladas y del trabajo de médicos, enfermeras y comunidades enteras. Lo demás es marketing político.





