
¡Arde el predial!: El catastro de Petro que se convirtió en un incendio político nacional.
abril 14, 2026Giro a la izquierda: Quién es quién en la crisis interna del Partido Verde.
La decisión de la Alianza Verde de avanzar hacia un acuerdo programático con la campaña presidencial de Iván Cepeda no es un episodio más en la dinámica electoral. Es, más bien, la expresión de una transformación profunda que el partido venía incubando desde hace varios años.
Lo que está en juego no es únicamente una alianza, sino la naturaleza misma de la colectividad.
Del pluralismo a la definición ideológica
Durante buena parte de su historia, la Alianza Verde se definió por su capacidad de albergar distintas corrientes: desde sectores de centro hasta expresiones de centroizquierda. Esa flexibilidad fue, al mismo tiempo, su mayor fortaleza y su principal fuente de tensiones.
La decisión de acercarse a la campaña de Cepeda —quien no pertenece al partido— parece cerrar ese ciclo.
Más que una simple coincidencia programática, lo que se observa es una apuesta por consolidar una identidad política más definida, en sintonía con el proyecto del Gobierno de Gustavo Petro.
Los liderazgos detrás del giro
Este viraje no puede entenderse sin el peso de dos figuras clave: Carlos Amaya y Carlos Ramón González.
Amaya, con una estructura territorial consolidada, ha logrado incidir de manera decisiva en las mayorías internas del partido. Carlos Ramón, por su parte, ha sido durante años un actor determinante en la arquitectura política de la colectividad.
A ese escenario se suma Duvalier Sánchez, quien ha asumido un papel activo en la defensa del nuevo rumbo, convirtiéndose en uno de los principales voceros de la línea que impulsa el acuerdo con Cepeda.
Las fracturas internas
Sin embargo, el proceso ha estado lejos de ser pacífico.
Sectores del partido han cuestionado tanto el fondo como la forma de la decisión. Las críticas apuntan a la pérdida de pluralismo y a la sensación de que las mayorías se están imponiendo sobre las minorías, alterando una tradición interna que privilegiaba la libertad política.
En ese contexto, la reacción de figuras como Claudia López refleja la magnitud del desacuerdo. Sus palabras —particularmente duras— evidencian que la discusión ya no es táctica, sino estructural:
“El Verde de Amaya acabó con el Verde de Mockus”.
Más allá del tono, la frase sintetiza una percepción extendida en ciertos sectores: que el partido está dejando atrás su origen para convertirse en otra cosa.
¿Reconfiguración o disolución?
La Alianza Verde enfrenta así una disyuntiva compleja.
Para algunos, este proceso representa una evolución necesaria: la consolidación de una identidad política coherente que le permita disputar el poder con mayor claridad.
Para otros, en cambio, se trata de una pérdida: la desaparición de un espacio político que se caracterizaba precisamente por su diversidad.
Lo cierto es que el partido ya no es el mismo.
Un cierre abierto
El desenlace aún no está completamente definido. La posibilidad de escisiones, distanciamientos y reacomodos sigue latente.
Pero hay algo que sí parece claro: la decisión de acercarse a la campaña de Cepeda marca un punto de no retorno.
A partir de aquí, la Alianza Verde deberá demostrar si este giro es capaz de fortalecerla como proyecto político…
o si, por el contrario, termina diluyendo aquello que alguna vez la hizo distinta.





