
¡Se acomodó! Roy Barreras aterriza donde Cepeda
junio 5, 2026Problemas en el paraíso: La izquierda se despedaza a las puertas de la segunda vuelta
El veredicto de la primera vuelta no solo dejó al oficialismo colombiano frente a un espejo incómodo, sino que desató una tormenta interna que amenaza con hundir el barco antes de llegar a la orilla. El optimismo desbordado que prometía una victoria contundente se estrelló contra una realidad matemática: un segundo lugar y una brecha de más de 650.000 votos frente al derechista Abelardo de la Espriella. Hoy, la izquierda ya no compite unida; se ha quebrado en dos bandos irreconciliables que se culpan mutuamente del desastre.
Por un lado, el ala radical de Gustavo Petro y su entorno sienten que Iván Cepeda carece de la fuerza, el carisma y la capacidad para remontar el partido. En un acto de desespero —o de control territorial—, desde la Casa de Nariño se ha planteado la renuncia masiva de altos funcionarios para que el gabinete ministerial entre de frente a operar la campaña. Una oferta que el candidato ha rechazado de tajo, entendiendo que el desembarco de la burocracia petrista solo terminaría por confirmar los peores temores del electorado moderado.
Por el otro lado, Cepeda y sus estrategas buscan un parricidio político controlado a contrarreloj. Las tensas reuniones de los últimos días reflejan la urgencia de sacudirse la omnipresencia de un mandatario cuyas obsesiones personales terminaron por asfixiar el discurso de su sucesor. El primer sacrificio de este pragmatismo de supervivencia ha sido la Asamblea Constituyente, una idea sepultada de prisa para intentar frenar la sangría de votos.
La distancia que busca Cepeda frente al Gobierno actual se sostiene hoy sobre tres ejes críticos: enterrar la Constituyente, hacer autocrítica sobre los evidentes fracasos de la «Paz Total» y descartar de plano la narrativa de fraude electoral que el petrismo duro intentó instalar tras el batacazo del domingo.
Sin embargo, hay problemas graves en este «paraíso» ideológico. Mientras el comité central se despedaza en recriminaciones mutuas, la campaña ha diseñado una ofensiva exprés en las regiones con alta abstención, apostando por un candidato más cercano y menos discursivo. Pero la estrategia llega tarde y con las costuras expuestas.
El panorama actual permite anticipar un escenario que genera un profundo alivio para quienes vemos con preocupación el rumbo del país: Iván Cepeda corre el riesgo real de sacar menos votos en la segunda vuelta que en la primera. En su intento por desmarcarse de Petro para atraer al centro, está perdiendo el entusiasmo de las bases radicales; y en su herencia petrista, sigue siendo indigerible para los moderados. Cepeda no está sumando; está restando. La izquierda se ha fragmentado en el peor momento posible, y el veredicto final parece estar cada vez más cerca de sellar su derrota.





