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El reinicio de los bombardeos sobre la Franja de Gaza ha dejado en apenas 48 horas un saldo de más de 970 muertos. Las imágenes de destrucción y dolor vuelven a llenar las pantallas, mientras la comunidad internacional observa con preocupación cómo las esperanzas de paz se desvanecen. Israel ha dejado claro que esta ofensiva «es solo el comienzo», mientras que Hamás insiste en que las negociaciones deben respetar la tregua firmada. La pregunta que muchos se hacen es: ¿qué futuro le espera a Gaza?
Desde la ruptura del alto el fuego el pasado lunes, las bombas han caído sin tregua, cobrando la vida de civiles y militantes por igual. El Ministerio de Salud en Gaza cifra el total de fallecidos en 49.547 desde que comenzó la guerra, una estadística escalofriante que pone de manifiesto la crudeza del conflicto. Las calles de la Franja están marcadas por la destrucción, los hospitales desbordados y una población atrapada entre las explosiones y la desesperación.
Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, ha sido contundente en su mensaje: no habrá negociaciones sin fuego de por medio. «Hamás ya ha sentido nuestra fuerza y esto es solo el comienzo», declaró. Estas palabras han sido respaldadas por las acciones del ejército israelí, que en las últimas horas ha eliminado a cinco altos mandos del grupo islamista. Sin embargo, la escalada de violencia ha generado un nuevo clamor popular dentro de Israel, donde cientos de manifestantes han salido a las calles para criticar el regreso a la guerra.
Mientras tanto, Hamás se mantiene firme en su postura: las negociaciones deben continuar bajo los términos pactados en la tregua del 19 de enero. «No hemos cerrado la puerta a las negociaciones», afirmó Taher al Nunu, alto mando del grupo, pero insistió en que Israel debe respetar los acuerdos firmados. En este juego de tensiones y ataques, el dilema se vuelve cada vez más evidente: ¿es posible negociar en medio del fuego cruzado?
El discurso de Netanyahu también ha sido dirigido a la comunidad internacional. En un mensaje en inglés, el primer ministro aseguró que el ejército israelí no busca atacar a civiles, sino a los militantes de Hamás que «se incrustan en zonas civiles y usan a la población como escudo humano». Sin embargo, las cifras de víctimas y los reportes de organizaciones humanitarias cuentan otra historia, una donde miles de familias han sido devastadas por el fuego indiscriminado.
En medio de este nuevo episodio de guerra, la diplomacia parece una quimera. Las víctimas siguen acumulándose, los discursos belicistas se endurecen y el sufrimiento de la población civil queda relegado a una estadística más. El dilema de Gaza no es nuevo, pero cada día que pasa sin una solución se convierte en una tragedia mayor.
Las negociaciones bajo fuego no son negociaciones reales; son un eufemismo para justificar la continuidad del conflicto. La pregunta que queda en el aire es cuánto tiempo tardará la comunidad internacional en exigir con fuerza un alto el fuego real, que no solo sea una pausa para recargar municiones, sino un verdadero primer paso hacia la paz.





