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Una reducción histórica en generales y coroneles
La Policía Nacional de Colombia enfrenta una crisis sin precedentes en su alto mando. Las cifras más recientes confirman que en 2025 la institución cuenta con solo 18 generales, menos de la mitad de los que había cuando el presidente Gustavo Petro asumió el poder en 2022.
Junto a ellos, el número de coroneles activos también cayó a 138, la cifra más baja desde 2012. Esta depuración marca una transformación profunda de la cúpula policial, resultado de una serie de decisiones del Gobierno nacional que ha impulsado una política de purga interna sin precedentes en las últimas dos décadas.
El 2024: el año de las purgas
Según datos oficiales entregados a La Silla Vacía vía derecho de petición, 2024 fue el año con más llamamientos a calificar servicios de este siglo, una figura usada por el Estado para retirar personal uniformado de manera discrecional. Ese año salieron 1.480 policías, de los cuales 228 eran oficiales y 1.143 del nivel ejecutivo (intendentes y comisarios).
Expertos como Martín Vanegas-Arias, de la Universidad Eafit, señalan que esta barrida ha impactado gravemente la estructura estratégica de mando. “Cada coronel que se va es una pérdida de más de 30 años de inversión, formación y experiencia. No se reemplaza de la noche a la mañana”, aseguró.
Factores detrás del recorte
Los analistas consultados identifican tres grandes factores detrás de la crisis del alto mando policial:
Depuración promovida desde el Gobierno, encabezada por el exministro de Defensa Iván Velásquez, marcada por la desconfianza hacia algunos altos oficiales.
Restricciones internas de la estructura piramidal de la Policía, que impiden mantener rangos superiores cuando se renueva la dirección.
Retiros voluntarios motivados por pensión, desgaste operativo y falta de liderazgo estratégico.
En particular, la salida masiva de generales en 2022, apenas días después del nombramiento del general Henry Sanabria y la general Jackeline Navarro como director y subdirectora respectivamente, dejó a la institución sin varios de sus cuadros más experimentados.
Una cúpula desbalanceada y desmoralizada
Hoy, la Policía cuenta con una estructura desbalanceada: alrededor de 74.000 patrulleros, 7.500 oficiales, pero un déficit crítico en los rangos altos. Esto ha obligado a que coroneles sin experiencia suficiente asuman cargos tradicionalmente reservados para generales de alto rango, como la dirección de la Policía Metropolitana de Bogotá.
Para Catalina Miranda, de la Fundación Ideas para la Paz, este fenómeno es una “tragedia institucional”: “Los generales son quienes lideran las estrategias de seguridad más importantes del país. Sacarlos en bloque debilita la estructura y afecta la moral interna.”
Fuentes dentro de la Policía, que pidieron no ser citadas, confirmaron un ambiente de desconfianza y autocensura: “Ahora nadie da línea, nadie opina. Hay miedo a ser el próximo llamado a calificar servicios.”
Incorporación en aumento, pero con dudas
En contraste con las salidas, el Gobierno Petro ha impulsado un ambicioso programa de incorporación de nuevos uniformados, denominado Plan 20.000, con el objetivo de aumentar el pie de fuerza policial.
Solo en 2024 ingresaron 14.697 nuevos patrulleros y 471 oficiales, cifras récord en la última década. También destaca el crecimiento sostenido de mujeres en la Policía, especialmente en el nivel de oficiales, donde por primera vez superaron en número a los hombres.
No obstante, expertos advierten riesgos. “Para ingresar a tantos patrulleros en tan poco tiempo, probablemente se bajaron los estándares de ingreso. Y la capacidad de formación de la Policía es limitada”, alertó Vanegas-Arias.
¿Qué sigue para la Policía?
Pese al incremento en personal operativo, el déficit estructural del pie de fuerza se mantiene. En 2025 hay 144.000 policías activos, lejos de los 200.000 que algunos exministros consideran necesarios para cubrir todo el país de forma efectiva.
Más allá de los números, la gran pregunta es si una institución con una cúpula desmantelada, cuadros medios debilitados y un creciente nivel de desconfianza interna podrá liderar con eficiencia los retos de seguridad del país en un escenario de criminalidad en alza.





