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La justicia colombiana, a veces tachada de lenta o selectiva, acaba de dar un golpe de autoridad que retumba en los pasillos de la Casa de Nariño y en las embajadas de todo el mundo. Al dejar en firme la orden de captura internacional contra Carlos Ramón González, la Corte Suprema de Justicia no solo ratifica una decisión judicial; envía un mensaje contundente sobre el costo de la corrupción en las instituciones más sensibles del país.
De la sombra del poder al radar de la Interpol
Carlos Ramón González no era cualquier funcionario. Como exdirector del DAPRE, manejaba los hilos más finos de la administración pública. Ver hoy su nombre vinculado a una circular roja de Interpol es el retrato de una caída estrepitosa. El escándalo de la UNGRD (Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres) dejó de ser un simple cruce de acusaciones para convertirse en un expediente criminal que hoy tiene a un peso pesado de la política como fugitivo internacional.
Los puntos clave de la decisión:
Recursos agotados: La defensa intentó, sin éxito, tumbar la medida. La Corte fue clara: la gravedad de los hechos y el riesgo de fuga prevalecen.
El factor UNGRD: El entramado de sobornos y contratos direccionados para «aceitar» la maquinaria legislativa es el corazón de esta investigación.
Cooperación Global: Con la ratificación de la captura, González ya no solo es buscado en Colombia; 196 países están bajo alerta para su detención.
El «exilio dorado» en Managua
Sin embargo, el brazo de la justicia choca hoy contra un muro diplomático. Mientras la Corte firma su captura, González respira la tranquilidad de un asilo político otorgado por el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua. No es una huida a ciegas; es una estancia protegida en una nación que se ha convertido en el santuario de quienes evaden la ley colombiana.
Recientemente, el país se indignó al conocer imágenes del exdirector del DAPRE participando en eventos sociales en Managua, evidenciando que, mientras sea huésped de Ortega, la circular roja es poco más que un papel decorativo. Esta «fuga con sello oficial» es una bofetada a las víctimas del desfalco de la UNGRD.
«La justicia puede tardar, pero cuando llega a las altas esferas, pone a prueba la solidez de nuestra democracia».
¿Qué sigue para el gobierno y la justicia?
La gran pregunta que queda en el aire no es solo cuánto tiempo podrá Nicaragua sostener este blindaje, sino quiénes más caerán con él. La UNGRD se ha convertido en la «caja de Pandora» de este sexenio, y cada decisión judicial como esta es una llave que abre nuevas verdades incómodas.
Si González decide seguir evadiendo la ley tras el escudo de un gobierno extranjero, solo confirmará la tesis de la Corte sobre su falta de voluntad para comparecer. Mientras tanto, el país observa con una mezcla de indignación y esperanza: indignación por el saqueo de recursos destinados a los más vulnerables, y esperanza de que, por fin, nadie esté por encima de la ley.





