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febrero 12, 2026¡Guerra de Titanes! David Murcia rompe el silencio y Abelardo de la Espriella responde con toda la artillería.
El fantasma de DMG ha vuelto a sacudir los cimientos del poder en Colombia. Desde su lugar de reclusión, David Murcia Guzmán ha lanzado un dardo envenenado que apunta directamente al corazón del prestigio de uno de los abogados más influyentes del país: Abelardo de la Espriella. La denuncia no es menor: Murcia asegura que el jurista le habría pedido la suma de $760 millones con un propósito oscuro: «tocar» congresistas para favorecer a la captadora de dinero en sus días de gloria.
Entre el lobby y el delito
La acusación de Murcia Guzmán pone sobre la mesa una práctica que durante años ha caminado por la delgada línea entre las relaciones públicas y el tráfico de influencias. Según el relato de Murcia, el dinero no era para honorarios convencionales, sino para aceitar la maquinaria legislativa en un momento en que el imperio de las tarjetas prepago se desmoronaba ante la mirada del Gobierno Uribe.
La respuesta de De la Espriella no se hizo esperar. Con su característico tono desafiante, el abogado ha calificado las declaraciones como un «show mediático», argumentando que se trata de un refrito de ataques desesperados de un hombre que ya no tiene nada que perder. Para el jurista, Murcia busca notoriedad y beneficios judiciales a costa de enlodar nombres de peso.
Los puntos de quiebre en este nuevo escándalo:
La cifra del escándalo: $760 millones de pesos que, según Murcia, fueron solicitados para «gestiones» en el Congreso de la República.
La defensa de De la Espriella: El abogado sostiene que su actuación siempre fue transparente y que Murcia carece de pruebas para sostener semejante señalamiento.
El contexto político: La denuncia revive las dudas sobre qué políticos se beneficiaron realmente del auge de DMG y quiénes intentaron salvarlo a cambio de maletines de dinero.
«En un país donde la justicia se confunde a veces con el espectáculo, la palabra de un condenado contra el honor de un abogado de élite abre un debate ético necesario».
¿Quién tiene la carga de la prueba?
La opinión pública se encuentra dividida. Por un lado, están quienes ven en Murcia a una víctima del sistema que busca revelar «verdades incómodas»; por otro, quienes consideran que De la Espriella es blanco de una retaliación por su papel en la defensa de intereses poderosos.
Lo cierto es que esta denuncia no puede quedar solo en los titulares de prensa. Si Murcia tiene pruebas de ese supuesto pedido de dinero para sobornar congresistas, la Fiscalía debe actuar. Si no las tiene, el daño reputacional contra De la Espriella será un capítulo más de la guerra jurídica que se libra en los micrófonos y no en los estrados.
El caso DMG sigue siendo una herida abierta en Colombia, y este nuevo capítulo demuestra que, casi dos décadas después, los secretos de la pirámide aún tienen el potencial de hacer temblar a los intocables.





