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enero 26, 2025Cali 2025: seguridad y problemas sociales siguen siendo los grandes pendientes de la administración Eder.
El 2024 fue, sin duda, un año extraordinario para Cali. La ciudad vivió una efervescencia de eventos y logros que, en gran medida, estuvieron marcados por la organización y éxito de la COP16, la cumbre mundial de cambio climático que puso a la capital del Valle en el centro de la atención global. Sin embargo, al empezar el 2025, el ambiente parece haber cambiado. Lo que era una fiesta de logros y celebraciones, se ha convertido en una prueba de fuego para el alcalde Jorge Iván Ospina, quien arranca su segundo año de gobierno sin la sombra protectora de la COP16.
La incertidumbre política y la ansiedad por las elecciones de 2026 se hacen sentir. Con una relación que, hasta ahora, ha sido cordial con el gobierno de Gustavo Petro, Eder ahora se enfrenta al desafío de mantener esa diplomacia mientras la política nacional se calienta en un año preelectoral. Si en 2024, la figura de Eder se benefició de una buena relación con Petro y un contexto de colaboración durante la COP, el 2025 pinta más complicado. La seguridad, un tema sensible para los caleños, sigue siendo el talón de Aquiles de la administración.
El último informe de Invamer Poll reflejó un escenario incierto para el alcalde. A pesar de los esfuerzos por vincularse con el gobierno nacional y la percepción positiva que le otorgaron los eventos del año pasado, su aprobación sigue siendo tibia, apenas en un 46%. Este no es un dato menor, ya que Eder es ahora uno de los alcaldes con peores números en su primer año de gobierno en las últimas décadas. A este panorama se suma el creciente malestar por temas sociales y la inseguridad, que, aunque bajó en términos absolutos, sigue siendo una preocupación latente para los caleños.
Y aquí está el meollo del asunto: el alcalde no puede vivir eternamente del eco de la COP. Esa «sombrilla» de la cumbre ya pasó, y con ella, las expectativas sobre lo que vendrá después. Es cierto que Eder logró un notable éxito diplomático al convertir a Cali en un puente entre el gobierno nacional y varias administraciones locales opositoras. Sin embargo, las tensiones ya se están haciendo visibles, y el propio discurso de Eder frente a Petro ha comenzado a radicalizarse, particularmente en lo que respecta a la seguridad y el manejo del orden público. El año comenzó con la primera masacre del 2025 y un preocupante aumento en los homicidios. En los primeros días de 2025, ya se han registrado 45 homicidios, lo que representa un aumento del 19% en comparación con el mismo período del año anterior. En este contexto, las declaraciones del alcalde sobre la seguridad en el Valle y el Catatumbo parecen marcar una nueva postura más crítica frente a la gestión de Petro.
Esta nueva actitud ha provocado fricciones, especialmente con los sectores de la izquierda caleña que sienten que Eder se aleja de las posiciones progresistas que lo respaldaron en su campaña. Según el politólogo Sergio Zamora, Eder parece estar inclinándose hacia la derecha y tensionando su relación con el gobierno. Esta percepción se ha acentuado por los recientes pronunciamientos del alcalde sobre temas internacionales como la postura del gobierno frente a Nicolás Maduro y las políticas de seguridad en el Catatumbo. ¿Es esto una estrategia de cara a la reelección, un giro de 180 grados o simplemente una respuesta a las presiones de una ciudad que sigue sufriendo por la violencia y la falta de avances en áreas sociales clave?
Más allá de la relación con el gobierno de Petro, los retos de Eder se profundizan en temas cruciales para la ciudad. La agenda social sigue siendo uno de los puntos más criticados de su gobierno. A pesar de los esfuerzos por mejorar los comedores comunitarios y la atención a la población vulnerable, el desconcierto es palpable. Para muchos caleños, la administración de Eder no ha logrado generar un cambio sustancial en las condiciones de vida de los sectores más desfavorecidos. La percepción de que lo social no es prioridad en su gobierno se refleja en las críticas de los concejales y exconcejales, como Rodrigo Salazar y Sergio Zamora, quienes acusan a la Alcaldía de centrarse más en su imagen política que en los verdaderos problemas sociales de Cali.
El hecho de que ya exista una iniciativa para revocar su mandato, liderada por Claudio Botina, un excontrincante en las elecciones de 2023, evidencia que el descontento con su gestión no es solo un tema de oposición política, sino una manifestación de desilusión por parte de la ciudadanía. A pesar de que la administración de Eder logró una baja histórica en homicidios, la creciente sensación de inseguridad y los primeros signos de violencia en 2025 no permiten que el tema de la seguridad desaparezca de la agenda.
Lo que está claro es que, tras el boom de la COP, la administración de Eder se enfrenta a un escenario político y social más difícil de manejar. Con la mirada puesta en las elecciones del 2026, la relación con el gobierno nacional será clave, pero no suficiente. El alcalde deberá demostrar que tiene la capacidad de gestionar los problemas de seguridad, sociales y económicos de una ciudad que sigue siendo una de las más violentas del país. Además, tendrá que definir con claridad qué tipo de liderazgo desea ofrecer a Cali, y si esa postura será capaz de unir a una ciudad profundamente dividida por el conflicto y las desigualdades.
El 2025 ya comenzó con varios desafíos que Eder no puede evadir. La gran pregunta es si podrá navegar este año turbulento y salir fortalecido de las tensiones políticas, sociales y de seguridad. De no ser así, el guayabo de la COP podría resultar mucho más amargo de lo que parece.





