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El expresidente de la República Álvaro Uribe Vélez confirmó su intención de regresar al Congreso como candidato al Senado en las elecciones del 8 de marzo de 2026. La apuesta, sin embargo, no será como cabeza de lista, sino ocupando la casilla número 25 de la plancha cerrada que presentará el Centro Democrático.
El movimiento busca dar un golpe de opinión y, al mismo tiempo, presionar por una votación que permita al uribismo recuperar el terreno perdido en la cámara alta. “Esperamos tener 25 senadores, entre otras cosas, porque si los temas judiciales se lo permiten, Álvaro Uribe será el número 25 en la lista”, aseguró Gabriel Vallejo Chujfi, director de la colectividad.
Un regreso marcado por lo judicial
La candidatura de Uribe estará condicionada al desenlace de su proceso penal por fraude procesal y soborno en actuación penal, en el que ya fue condenado en primera instancia a 12 años de prisión. El caso está en revisión en el Tribunal Superior de Bogotá, luego de que el exmandatario apelara la decisión de la jueza 44 penal de la capital, Sandra Liliana Heredia.
Aunque renunció a la prescripción del proceso, los tiempos judiciales podrían jugar un papel determinante en la viabilidad de su candidatura.
Una apuesta arriesgada
Uribe busca que el Centro Democrático supere los tres millones de votos, lo que le permitiría alcanzar la meta de 25 escaños en el Senado. No obstante, los antecedentes recientes muestran una tendencia a la baja: el partido pasó de 19 curules en el periodo 2018-2022 a 13 en la actual legislatura.
La apuesta no solo es numérica: se trata de reposicionar al uribismo como fuerza clave en el ajedrez político, en un momento en el que el Pacto Histórico —coalición oficialista— mantiene la mayor bancada con 20 senadores, aunque sin lograr la mayoría necesaria para aprobar las principales reformas del gobierno Petro.
Un espejo en la historia
Uribe busca repetir la hazaña de 2010, cuando el Partido de la U —creado bajo su influencia— alcanzó 28 curules en el Senado con 2,7 millones de votos, convirtiéndose en la primera fuerza política de la cámara alta. Antes de ese registro, hay que remontarse a 2002, cuando el Partido Liberal llegó a 29 escaños, en tiempos en los que aún predominaba el bipartidismo.
De lograrlo, el Centro Democrático no solo recuperaría protagonismo legislativo, sino que Uribe se consolidaría de nuevo como el gran elector de la derecha en Colombia, pese a la sombra de los procesos judiciales.





