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El caso de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) sigue estremeciendo el panorama político colombiano, con la reciente vinculación de la exconsejera presidencial Sandra Ortiz al proceso penal por su presunta participación en un esquema de sobornos multimillonarios. Este escándalo, que involucra a figuras clave del gobierno de Gustavo Petro y a congresistas de alto perfil, pone en evidencia la profundidad de las conexiones entre el Ejecutivo y el Legislativo para financiar agendas políticas y personales.
Sandra Ortiz, una pieza clave en la trama
La exconsejera Sandra Ortiz, integrante del partido Alianza Verde, se enfrenta a cargos de lavado de activos y tráfico de influencias. Según la Fiscalía, Ortiz habría actuado como intermediaria para entregar sobornos por 4.000 millones de pesos a los entonces presidentes del Senado, Iván Name, y de la Cámara, Andrés Calle. Las entregas, detalladas en audiencias previas, se habrían realizado entre el 12 y el 14 de octubre de 2022, con Ortiz jugando un rol central en la ejecución de las transacciones.
Este hecho marca un hito en el gobierno Petro, al ser la primera alta funcionaria vinculada formalmente a un proceso penal por corrupción, empañando la promesa de cambio y transparencia que definió la campaña presidencial.
Una red de intereses cruzados
Las revelaciones del expediente apuntan a una organización criminal que habría saqueado recursos públicos mediante sobornos y contratos inflados. La Fiscalía destaca, entre otros casos, los sobrecostos de 14.000 millones en la compra de carrotanques para La Guajira. La conexión entre la entrega de sobornos y el direccionamiento de recursos a proyectos específicos plantea preguntas graves sobre la ética y legalidad en la gestión pública.
El esquema también salpica a congresistas y altos funcionarios, incluyendo al ministro Ricardo Bonilla y al exjefe del Dapre, Carlos Ramón González. Las investigaciones señalan que los recursos desviados podrían haber sido utilizados para financiar campañas políticas, como la de la hija de Iván Name al Concejo de Bogotá y la de familiares de Andrés Calle en Córdoba.
Testimonios y principios de oportunidad
El peso del caso contra Ortiz radica en los testimonios de Olmedo López y Sneyder Pinilla, exdirectivos de la UNGRD que buscan beneficios judiciales a cambio de colaboración. Estos implicados no solo han señalado a Ortiz, sino que también han vinculado a figuras como Luis Fernando Velasco, César Manrique y otros congresistas, lo que sugiere que la red de corrupción tiene un alcance aún mayor.
Un gobierno en entredicho
Más allá de las implicaciones penales, este escándalo representa un duro golpe para la credibilidad del gobierno Petro, que ha promovido reformas estructurales en medio de un Congreso dividido. Las acusaciones de corrupción desvirtúan el discurso de cambio y reformismo, dejando un rastro de desconfianza hacia las instituciones.
La imputación de Sandra Ortiz, programada para el 29 de noviembre, será un momento decisivo. La Fiscalía promete destapar más pruebas y podría solicitar medida de aseguramiento en su contra. La pregunta que surge es: ¿hasta dónde llegará este escándalo, y cuántas cabezas más rodarán en el camino?
El caso UNGRD es un llamado de atención urgente. Colombia no puede permitirse seguir sumida en una cultura de corrupción que perpetúa la desconfianza en sus líderes. La justicia tiene ahora el desafío de demostrar que es capaz de cortar de raíz estas redes de impunidad.





