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febrero 13, 2026Gobierno debe expedir nuevo salario mínimo tras suspensión del Consejo de Estado
Este viernes 13 de febrero de 2026 marcó un nuevo hito en el intenso y siempre polémico debate sobre el salario mínimo en Colombia. El Consejo de Estado decidió suspender provisionalmente el decreto con el que el Gobierno nacional fijó un aumento histórico del salario mínimo del 23,7 % para este año, dejando sin efecto temporal ese incremento mientras se revisan las demandas en su contra.
La medida cautelar de la alta corte no supone la anulación definitiva del ajuste, pero sí obliga al Ejecutivo a expedir un nuevo decreto en un plazo de ocho días que establezca un salario mínimo transitorio con base en criterios técnicos y constitucionales.
El impacto de esta decisión es de enormes proporciones, tanto para millones de trabajadores como para los sectores productivos del país. Para entenderlo hay que remontarse a finales de diciembre de 2025, cuando el Gobierno —en medio de la emergencia económica por la crisis climática— decretó un aumento sin precedentes en la historia reciente de Colombia, elevando el salario básico a $1.750.905, que con auxilio de transporte alcanzaba cerca de $2.000.000 mensuales.
Esa decisión fue recibida con júbilo por amplios sectores sociales, sindicales y progresistas que vieron en ella un reconocimiento tardío al trabajo de millones de colombianos. Sin embargo, desencadenó fuerte oposición de gremios empresariales, economistas y ahora del propio Consejo de Estado, que hallaron en el decreto una falta de fundamentación técnica sólida, particularmente en parámetros como inflación, productividad y crecimiento económico, tal como exige la Ley 278 de 1996.
Este choque de visiones refleja una tensión permanente en cualquier democracia: la tensión entre las demandas sociales por mayores ingresos reales y la necesidad de que las políticas económicas se sustenten en criterios técnicos que garanticen viabilidad y estabilidad. ¿Debe el Estado, incluso de manera excepcional como ahora, priorizar un concepto de “salario vital” o debe atenerse estrictamente a variables económicas tradicionales?
Es un debate legítimo y profundo. La suspensión del aumento no significa que se esté actuando en contra de los trabajadores, sino que el ordenamiento jurídico exige que cualquier medida de esta magnitud tenga un respaldo técnico que minimice efectos colaterales no deseados, como presiones inflacionarias o impactos adversos en el empleo formal.
Al mismo tiempo, esta decisión reabre la discusión sobre el papel de las altas cortes en momentos de decisiones políticas de alto impacto social. Sectores cercanos al Gobierno han lamentado la medida y la califican —en algunos casos— como un freno a políticas de justicia social, mientras críticos celebran la restauración de los contrapesos institucionales y el respeto por procedimientos legales.
El desafío ahora es cómo articular justicia social con responsabilidad económica. Colombia necesita un salario que garantice dignidad y capacidad de subsistencia, pero también una economía que pueda sostenerse sin distorsiones severas. El nuevo decreto que el Gobierno expida en los próximos días será una prueba de que es posible encontrar ese delicado equilibrio entre aspiraciones sociales y realidades macroeconómicas.





