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octubre 16, 2026Petro se corona jefe del Pacto Histórico… y a Cepeda lo dejan de adorno
El jueves, en Bogotá, la Coordinación Nacional Provisional del Pacto Histórico eligió «por unanimidad» a Gustavo Petro como su presidente y máximo líder, con mandato para fijar la línea política de cara a las regionales de 2027. Traducido del lenguaje de comunicado: el expresidente, que ya dejó la Casa de Nariña, no piensa soltar el único poder que le queda, el del aparato. Y en esa foto hay un gran ausente de peso político propio: Iván Cepeda.
Conviene recordar quién es Cepeda en esta historia. Fue el candidato presidencial del petrismo, el que ganó la consulta interna con el 64 % y el que perdió las presidenciales de junio frente a Abelardo De La Espriella. Fue, también, quien propuso que Petro presidiera el partido tras dejar el Gobierno. Es decir: el hombre que debía capitalizar la derrota y reconstruir a la oposición desde una voz nueva terminó cediéndole la batuta a la misma figura que lo acompañó —y lo eclipsó— durante toda la campaña.
Ahí está el problema de fondo. Un proyecto que se vendió como «el cambio» y como relevo generacional vuelve a depender de una sola persona. El Pacto no renueva liderazgos: los reabsorbe. Cepeda, que tendría todas las credenciales para encarnar una oposición con criterio propio, aparece hoy como un invitado a reuniones donde la línea ya la baja Petro —protesta permanente, «paro nacional», «poder constituyente»—, y donde el propio partido admite que debe «limar divisiones» tras la derrota. Las divisiones se liman, normalmente, cuando hay varios liderazgos. Cuando hay uno solo, no se liman: se obedecen.
El resultado es un Cepeda atrapado en una posición incómoda: ni jefe del partido, ni presidente, ni figura autónoma. Un excandidato que no logra convertir su derrota en autoridad y que se queda, literalmente, haciendo bulto mientras Petro define las consultas, los candidatos a alcaldías y gobernaciones y hasta el tono del control político. Si la izquierda democrática quería demostrar que es más grande que un caudillo, esta semana demostró exactamente lo contrario.
La pregunta, entonces, no es qué va a hacer Petro —eso ya se sabe: mandar—. La pregunta es qué va a hacer Cepeda: si acepta el papel de segundo permanente o si, en algún momento, decide tener liderazgo propio. Por ahora, se quedó ahí. Sin partido, sin presidencia y sin voz que no sea la del jefe.





