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abril 23, 2026El continuismo de Cepeda y las preguntas que deja su campaña
En la política colombiana hay candidatos que prometen ruptura, otros continuidad, y algunos —más difíciles de leer— que intentan presentar la continuidad como si fuera cambio. Iván Cepeda parece moverse en esa última zona gris: un aspirante que habla de transformación, pero que al mismo tiempo carga con el peso de defender, matizar o reinterpretar el legado del gobierno de Gustavo Petro.
Su campaña, más ideológica que programática, se apoya en una compilación de discursos y en una narrativa de “profundización de las reformas”, que él mismo describe como revoluciones. Sin embargo, cuando se aterriza en los cinco grandes frentes donde el actual gobierno ha enfrentado críticas estructurales, lo que aparece no es un programa nuevo, sino una prolongación del mismo enfoque, con ajustes retóricos y pocos detalles operativos.
La paz como dogma
En materia de seguridad, Cepeda defiende la “Paz Total” casi como un principio innegociable. Incluso ante el deterioro de la seguridad en regiones clave y el fortalecimiento de grupos armados, su lectura evita atribuir responsabilidades directas a la política de negociación. Para él, cuestionar la estrategia equivale a cuestionar la paz misma.
Esa postura lo mantiene fiel a su trayectoria como negociador, pero también lo ata a un enfoque que no ha logrado resultados verificables en reducción de violencia. El problema no es solo de diagnóstico, sino de negación de efectos adversos que hoy son ampliamente discutidos por centros de investigación y sectores institucionales.
Salud: diagnóstico sin responsabilidad
En salud, Cepeda identifica un sistema “neoliberal” como origen de la crisis, desplazando la responsabilidad histórica hacia gobiernos anteriores. Bajo esa lectura, el actual gobierno prácticamente no aparece como actor relevante en el deterioro del sistema.
El resultado es un programa general de reformas estructurales, soberanía sanitaria y territorialización, pero sin mecanismos claros de implementación. La crítica central es que el diagnóstico es amplio, pero la gestión propuesta es difusa, mientras el sistema atraviesa una de sus peores tensiones financieras y operativas recientes.
La economía del relato
En el terreno fiscal, el discurso es aún más delicado. Cepeda sostiene que la situación actual es mejor que la heredada en 2022, una afirmación que contradice los principales indicadores macroeconómicos recientes. El déficit fiscal se ha mantenido en niveles históricamente altos en los últimos años, incluso sin crisis excepcionales de por medio.
Sin embargo, el énfasis del senador sigue siendo el mismo: culpar el pasado, reivindicar el presente y prometer herramientas futuras sin especificarlas. Es una constante: la explicación política sustituye la precisión técnica.
Energía: el giro pragmático
Donde sí se percibe un matiz distinto es en el sector energético. Cepeda ha mostrado una actitud más abierta hacia el diálogo con gremios del petróleo y el gas, en contraste con la postura confrontativa del gobierno Petro frente a los hidrocarburos.
Este acercamiento sugiere una posible transición menos abrupta en materia energética, aunque aún no existe una definición concreta sobre cómo equilibraría transición energética, inversión y seguridad energética. Es, por ahora, una señal más política que programática.
Corrupción: la ética selectiva
En el discurso anticorrupción, Cepeda apuesta por una narrativa de “revolución ética” y reformas legales más estrictas. Pero su silencio frente a varios escándalos asociados al gobierno actual plantea una tensión evidente entre el discurso y la práctica política.
Mientras denuncia la corrupción estructural del sistema, evita pronunciamientos contundentes sobre figuras cercanas al poder que hoy enfrentan investigaciones o cuestionamientos. La excepción son los casos más evidentes, como el de la Ungrd, donde su posición sí coincide con la crítica general.
Entre el continuismo y la ambigüedad
El problema central de la candidatura de Iván Cepeda no es la falta de coherencia ideológica, sino la falta de distancia política. Su proyecto parece diseñado para preservar el eje del actual gobierno con ajustes graduales, sin asumir plenamente los costos de sus resultados.
En ese sentido, la pregunta no es si Cepeda representa una ruptura o una continuidad. La pregunta es otra: si la continuidad que propone es una decisión consciente de profundizar un modelo, o una forma elegante de evitar el debate sobre sus fallas.
Porque en política, a veces, el silencio no es neutralidad. Es también una posición.





