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abril 29, 2026¿Qué está pasando con Nueva EPS? Cancerología deja de recibir pacientes por falta de pago
Lo ocurrido entre el Instituto Nacional de Cancerología y la Nueva EPS no es un hecho aislado. Es, más bien, una radiografía cruda del estado actual del sistema de salud colombiano.
A partir del 1 de mayo, el principal centro oncológico del país dejará de recibir nuevos pacientes de esta EPS. ¿La razón? La más básica —y la más grave—: no hay acuerdos de pago, no hay flujo de recursos y no hay condiciones para sostener la atención. Durante meses, el Instituto siguió prestando servicios sin garantías financieras, hasta que la realidad se impuso.
Aquí no hay misterio técnico. Es una ecuación simple: si no hay quien pague, no hay servicio.
Pero lo verdaderamente inquietante no es solo la decisión —comprensible desde lo operativo—, sino la contradicción estructural que deja al descubierto. Estamos ante una IPS pública que decide frenar servicios a una EPS intervenida por el mismo Estado. Es decir, el Estado no logra pagarse a sí mismo.
Y en medio de ese cortocircuito institucional, quedan los pacientes.
Las cifras hablan por sí solas. La deuda pasó de poco más de 36 mil millones a más de 136 mil millones de pesos en menos de dos años. No es un retraso menor ni una dificultad coyuntural: es un deterioro progresivo y acelerado que terminó por hacer inviable la operación. Más preocupante aún es el envejecimiento de la cartera, con obligaciones que superan el año sin ser saldadas.
Eso ya no es un problema administrativo. Es una falla estructural.
El interventor de la Nueva EPS, Jorge Iván Ospina, ha dicho que los pagos estaban previstos y cuestionó la forma en que se comunicó la decisión. Pero esa respuesta, aunque válida en lo formal, no resuelve el fondo del problema: la falta de liquidez efectiva y oportuna.
Porque en salud, el tiempo no es un concepto abstracto. Es diagnóstico, tratamiento, supervivencia.
Cerrar la puerta a nuevos pacientes oncológicos —aunque se mantengan urgencias y atención a menores— no es una medida menor. Cada retraso en cáncer puede traducirse en una oportunidad perdida. Y eso cambia completamente la dimensión del debate.
Mientras tanto, desde distintos sectores del Gobierno se insiste en que el sistema no está en crisis o que las alertas son exageradas. Sin embargo, decisiones como esta desmienten ese discurso. No por narrativa política, sino por hechos concretos: servicios que se restringen, deudas que crecen y pacientes que quedan en incertidumbre.
Este caso deja una lección incómoda pero necesaria: los sistemas no colapsan de un día para otro. Se deterioran lentamente, en silencios administrativos, en pagos que no llegan, en decisiones que se postergan.
Y cuando finalmente fallan, no lo hacen en los escritorios.
Falla en la vida real. En los hospitales. En los pacientes.
Ahí es donde realmente importa.





