
Fallo revela que directivos de Chiquita Brands autorizaron pagos a paramilitares desde EE. UU.
julio 24, 2025
De los tribunales a la diplomacia: caso Uribe provoca fractura entre Colombia y EE. UU.
julio 29, 2025La “resistencia digital” de Petro: ¿una alternativa ciudadana o una estrategia oficialista?
En medio de una nueva confrontación pública con la prensa, el presidente Gustavo Petro reconoció que ha construido una “poderosa red de comunicación” desde redes sociales para, según sus propias palabras, “defenderse” del control informativo que ejercen los medios tradicionales.
Aunque su mensaje fue compartido dentro de un comunicado más amplio publicado en su cuenta de X, el párrafo donde menciona esa red no pasó desapercibido. La declaración reabre el debate sobre el uso estratégico –y posiblemente deliberado– de recursos públicos y estructuras digitales para blindar la imagen del Gobierno y contrarrestar voces críticas desde el periodismo independiente.
“He sido partidario de otra salida. Construí una poderosa red de comunicación por redes y me he comunicado y defendido hasta donde puedo”, escribió el mandatario, planteando además que la ciudadanía debería crear sus propios canales para evitar ser “manipulada por el odio, la ignorancia inducida y los intereses económicos del gran capital”.
El lenguaje no es menor. Petro no habla de una política de comunicación estatal, ni de pedagogía institucional. Habla de defensa. De resistencia. Y en esa narrativa, el periodismo –uno de los pilares democráticos– queda reducido a una amenaza.
A la par, su jefe de despacho, el pastor Alfredo Saade, viene trabajando en la estructuración de una red social propia: “P”, una suerte de alternativa digital al actual ecosistema de redes, donde la línea editorial estaría marcada por el propio Gobierno. Lo que se presenta como una plataforma “moderna” para combatir la desinformación, puede terminar siendo una burbuja oficialista con discurso único.
No es la primera vez que se vincula a esta administración con el uso coordinado de redes para influir en la conversación digital. Incluso exfuncionarios del gobierno han admitido la contratación de creadores de contenido para promover sus agendas. Lo que en otras latitudes se llama marketing de Estado, aquí empieza a parecerse más a una estructura paralela de propaganda.
El propio Petro ha sido uno de los principales emisores de mensajes agresivos en redes sociales. Así lo demuestran análisis recientes que evidencian un patrón reiterado de publicaciones con tonos hostiles hacia sus contradictores.
Mientras el Gobierno construye narrativas y plataformas a su medida, crece la preocupación por la presión sistemática que ejerce contra el periodismo libre. El presidente no solo deslegitima voces críticas, sino que instala la idea de que la prensa independiente es enemiga del cambio.
Más allá del debate ideológico, la pregunta de fondo es otra: ¿puede una democracia sana sostenerse cuando el poder elige comunicarse solo con los suyos y desacredita a quienes lo interpelan?
Porque una cosa es fortalecer la comunicación estatal. Otra muy distinta es consolidar bodegas con disfraz de comunidad.





