
¿Torre de control o fortín político? La Aerocivil vuela entre sombras y clanes.
abril 25, 2026
EXCLUSIVO: Los números que los candidatos están analizando a puerta cerrada.
abril 27, 2026Blindados por la ideología: los líderes que prefieren ignorar la sangre para no dañar la narrativa.
El Valle del Cauca atraviesa uno de esos momentos que ponen a prueba no solo la seguridad del territorio, sino también el carácter de sus líderes. En apenas 48 horas, según confirmó el comandante de las Fuerzas Militares, el general Hugo López Barreto, se registraron 26 acciones violentas entre el Valle y el Cauca. La más grave, en Cajibío, dejó 13 personas muertas tras la explosión de una bomba en la vía Panamericana.
No es una percepción. Es una realidad que se mide en miedo, en vidas perdidas y en comunidades enteras sumidas en la incertidumbre.
Y en medio de esta crisis, la respuesta del poder central deja serias preguntas.
Mientras la región ardía y las familias esperaban una señal de liderazgo, el silencio del presidente Gustavo Petro fue ensordecedor. Ni un trino de condolencia, ni un mensaje claro de firmeza frente a la violencia. En cambio, lo que circuló en la opinión pública fueron imágenes de celebraciones de cumpleaños, como si el país estuviera atravesando un momento de absoluta calma.
La desconexión no puede ser más evidente.
¿Defensa política o renuncia al liderazgo?
Aún más preocupante resulta la reacción de algunos líderes regionales como Alfredo Mondragón, Kevin Gómez, Ana Erazo, Wilson Arias y Alejandro Ocampo, quienes han optado por salir a respaldar la narrativa del Gobierno en lugar de exigir respuestas contundentes.
La pregunta es inevitable: ¿están representando a los ciudadanos o defendiendo un proyecto político?
Porque cuando la prioridad es proteger la imagen del Gobierno en lugar de alzar la voz por las víctimas, se cruza una línea peligrosa.
La normalización que no podemos aceptar
Minimizar lo ocurrido o matizar la gravedad de los hechos no es neutral. Es una forma de normalizar la violencia.
Y cuando eso ocurre, el mensaje que reciben los ciudadanos es devastador: que hay momentos en los que el cálculo político pesa más que la vida misma.
El Valle exige más
El Valle del Cauca no puede seguir siendo tratado como un territorio secundario. No es un fortín político ni un escenario electoral: es una región que hoy exige liderazgo, presencia y decisiones firmes.
Ser líder implica incomodar cuando es necesario. Implica exigirle al Gobierno Nacional —sin importar afinidades ideológicas— que cumpla con su deber constitucional de garantizar la seguridad.
Porque en momentos como este, no basta con discursos. Se necesita empatía, acción y, sobre todo, coherencia.
Y esa coherencia empieza por entender que ninguna lealtad política puede estar por encima de la vida de los ciudadanos.





