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A solo una semana de que los colombianos acudan a las urnas, el tablero político ha sufrido un sismo de magnitudes impredecibles. Justo cuando el polémico abogado de ultraderecha y candidato presidencial, Abelardo de la Espriella, saboreaba su cómodo segundo lugar en las encuestas —acariciando la posibilidad real de un balotaje frente a la izquierda de Iván Cepeda—, la realidad y el periodismo de investigación le han propinado un golpe seco en la línea de flotación de su discurso de «ley y orden».
La revelación del periodista Daniel Coronell no es un rumor de pasillo; es una radiografía documental de un expediente judicial en Florida que pone al descubierto un laberinto financiero de más de 370.000 dólares. El origen del dinero: las empresas de Alex Saab, el polémico operador financiero del régimen chavista.
El problema para De la Espriella no es haber sido el abogado de Saab entre 2013 y 2019; al fin y al cabo, el derecho a la defensa es sagrado y el litigio es su negocio. El verdadero problema ético y político radica en el origen y el destino de los fondos que tocaron sus órbitas en el año 2014.
Los documentos revelan que los giros provienen de dos firmas sumamente cuestionadas: Group Grand Limited (usada para el desfalco multimillonario de los alimentos CLAP en Venezuela) y el Consorcio Estructuras Metálicas (una filial que cobró fortunas por viviendas populares que nunca se construyeron). Es decir, dinero extraído de las arcas de un país en crisis que terminó triangulado a través de un banco en Antigua y Barbuda, un intermediario en San Francisco y una firma legal en Miami.
Lo que en el lenguaje legal se defendió en su momento bajo el cómodo membrete de «Asesoría Fiscal Internacional», en el lenguaje del cumplimiento financiero tiene un aroma mucho más espeso.
El detalle de las transferencias —siempre 50 dólares por debajo de un número redondo— apunta directamente a lo que las autoridades antiblanqueo denominan «estructuración»: la vieja y conocida táctica de fraccionar montos para evitar los radares automáticos del sistema bancario.
Para un electorado que busca un cambio o que exige mano dura contra la corrupción, la aparición de una carta firmada por el propio De la Espriella detallando estos movimientos y vinculándolos a la compra de un lujoso apartamento en la cotizada Brickell Avenue de Miami es, por decir lo menos, un lastre indigerible. ¿Cómo sostener el relato de la reserva moral de la nación cuando los lujos propios se financiaron, presuntamente, con los hilos del entramado más oscuro del chavismo?
El candidato del «outsiderismo» de derecha ha optado por el silencio ante las preguntas de la prensa. Una estrategia comprensible en los estrados judiciales, pero suicida en la arena pública a siete días de las elecciones. La sombra de Alex Saab, extraditado hace apenas una semana a los Estados Unidos, ha vuelto a Colombia, no en forma de testimonio, sino de extractos bancarios.
La gran incógnita ahora no es si el dinero llegó —las pruebas están sobre la mesa—, sino si los votantes decidirán cobrarle la factura a De la Espriella en las urnas o si, por el contrario, el sesgo ideológico pesará más que la evidencia del laberinto SWIFT. La moneda está en el aire, pero el traje de pulcritud del candidato opositor acaba de mancharse de forma irreversible.





