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Hay operaciones militares que se miden en minutos y otras que se miden en meses. La que terminó esta madrugada cerca del aeropuerto Almirante Padilla, en Riohacha, pertenece a la segunda categoría. Desde la noche del jueves, varios helicópteros sobrevolaron la Troncal del Caribe y distintos sectores de La Guajira, en un despliegue silencioso que solo se hizo visible cuando ya era demasiado tarde para que Naín Andrés Pérez Toncel, alias «Bendito Menor», pudiera escapar.
Un cerco que se armó antes de que él lo supiera
Lo más revelador de este operativo no es únicamente su resultado —la muerte del cabecilla del frente Javier Cáceres de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (Acsn)—, sino la manera en que se construyó. Según se ha podido establecer, la ubicación exacta de Pérez Toncel fue posible gracias a información de inteligencia suministrada por Estados Unidos, que permitió coordenadas precisas sobre el punto donde permanecía junto a su compañera sentimental, Rosa Angélica Tarazona, alias «la Bebecita». Con ese dato, unidades especiales de la Policía cerraron el perímetro antes de ejecutar el asalto.
El cabecilla, de hecho, sabía que estaba siendo cercado. El seguimiento de inteligencia indicaba que preparaba un traslado junto a su pareja, un movimiento que nunca llegó a concretarse. Cuando los comandos especiales de la Policía Nacional ingresaron durante la madrugada, se produjo el enfrentamiento en el que murieron tanto él como Tarazona, además de otros dos hombres de su esquema de seguridad. Los cuatro cuerpos permanecían en la mañana de este viernes en el lugar de los hechos, mientras avanzan los procedimientos judiciales y de identificación correspondientes.
De sicario a objetivo de alto valor en cinco años
El perfil criminal de «Bendito Menor» describe una trayectoria de ascenso vertiginoso dentro de una de las estructuras armadas más violentas del Caribe colombiano. Comenzó en 2019 como sicario al servicio de alias «Pinocho», máximo cabecilla de las Acsn. Un año después ya integraba el componente armado del frente Javier Cáceres, y para 2021 controlaba las redes urbanas de la organización en La Guajira. En 2022 pasó a manejar las rutas del narcotráfico y el control territorial en Magdalena, La Guajira y Cesar, y para 2024 los informes de inteligencia lo señalaban como responsable de coordinar el envío de cargamentos de droga mediante lanchas rápidas y semisumergibles.
Su nombre también quedó asociado a una cadena de hechos violentos en los últimos meses: el homicidio de cuatro personas en La Punta de los Remedios, en Dibulla; un ataque armado contra la estación de Policía de Buritacá, en Santa Marta; el robo de un vehículo de valores con cerca de 1.800 millones de pesos; y, según el expediente de inteligencia, el presunto asesinato y decapitación de un menor de edad en Mingueo. A sus 26 años, tenía en su haber cinco años de trayectoria criminal y una orden de captura vigente de la Fiscalía.
Lo que esta baja significa —y lo que no significa todavía
Es importante situar este resultado en su justa dimensión. Se trata, según las propias autoridades, de la primera baja de un objetivo de alto valor que permanecía en el radar de la Fuerza Pública desde el gobierno anterior: el nombre de «Bendito Menor» ya figuraba en los informes de inteligencia como uno de los principales cabecillas de las Acsn durante la administración de Gustavo Petro. Eso no le resta mérito al golpe operativo, pero sí obliga a matizar el relato: no se trata de una amenaza surgida y neutralizada en las primeras semanas del nuevo Gobierno, sino de la culminación de un trabajo de inteligencia que venía de atrás y que, en este caso, logró cerrarse con éxito bajo la nueva administración.
El presidente Abelardo de la Espriella había ordenado en varias ocasiones a su ministro de Defensa, Jorge Mora, intensificar la persecución contra este cabecilla, a quien calificó públicamente como uno de los objetivos de alto valor de su Gobierno. Este viernes viajó personalmente a Riohacha, acompañado por la cúpula policial y militar, para anunciar los resultados de la operación.
El componente que no debería pasar desapercibido
Más allá del resultado inmediato, este operativo vuelve a poner sobre la mesa un elemento estructural de la nueva estrategia de seguridad: la cooperación de inteligencia con Estados Unidos. La presencia de agentes estadounidenses en sectores de Santa Marta y Riohacha, reportada horas antes del operativo, y el papel que jugó esa información en la ubicación precisa del cabecilla, sugieren que buena parte de la efectividad de este tipo de golpes dependerá, de aquí en adelante, de qué tan sólida y sostenida sea esa alianza bilateral en materia de seguridad.
La caída de «Bendito Menor» es, sin duda, un golpe significativo contra una estructura que ha buscado consolidar su control sobre corredores estratégicos entre La Guajira y Magdalena. Pero un cabecilla neutralizado no equivale a una organización desarticulada: las Acsn seguirán operando mientras existan rutas de narcotráfico, redes de extorsión y un vacío institucional que estructuras como esta han sabido ocupar durante años. El verdadero examen de esta nueva estrategia de seguridad no se dará en Riohacha, sino en si el Gobierno logra sostener este tipo de resultados en el tiempo, más allá del efecto mediático de un anuncio presidencial.





