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mayo 7, 2026EL VUELO DEL "ZAR": ¿Negligencia o pacto bajo la mesa en la campaña Petro?
La narrativa de la «buena fe asaltada» se desmorona ante la frialdad de los chats y los registros. No fue un accidente, fue una operación logística financiada por el hombre más buscado por las autoridades aduaneras de Colombia: Diego Marín, alias ‘Papá Pitufo’.
Aunque desde la Casa de Nariño intentan vender la historia de una «emboscada» y un enfado monumental al aterrizar, los hechos apuntan a una realidad mucho más incómoda: la campaña aceptó, usó y disfrutó de un recurso pagado por el contrabando, y solo lo admitió cuando el video se hizo público.
1. El mito del filtro: Se sabía quién pagaba
Es difícil creer que un esquema de seguridad de alto nivel, integrado por coroneles retirados y expertos en inteligencia, «olvidara» preguntar quién pagaba los 7.200.000 pesos del vuelo privado. Los chats revelados son lapidarios: la lista de pasajeros, incluyendo la cédula de Gustavo Petro, fue enviada con antelación a una empresa de aviación bajo la premisa de que «dos empresarios regalaban el vuelo».
¿Desde cuándo un candidato presidencial acepta «regalos» de desconocidos para desplazarse en aviones privados sin activar todas las alarmas de financiación ilícita? En política, los regalos de este calibre siempre tienen una factura que se cobra después.
2. El silencio de tres años
Si, como afirma Augusto Rodríguez, el hoy presidente «entró en cólera» al ver a los emisarios de ‘Papá Pitufo’ en el hotel, surge una pregunta que demuele la defensa oficial: ¿Por qué guardaron silencio hasta 2025?
Un líder político que descubre que su seguridad ha sido infiltrada por el zar del contrabando tiene el deber legal y moral de denunciarlo ante la Fiscalía y el Consejo Nacional Electoral de inmediato. El hecho de que solo se hable del tema ahora, bajo la presión de las investigaciones periodísticas, sugiere que el «enfado» fue más por la posibilidad de ser descubiertos que por la procedencia del dinero.
3. ¿Infiltración o complicidad interna?
La acusación contra el coronel (r) William Castellanos es el último eslabón de esta cadena de inconsistencias. Señalar a un hombre de confianza como el «topo» que grabó para extorsionar parece más una estrategia de control de daños que una realidad probada.
Lo cierto es que Petro subió a esa avioneta, su equipo coordinó con los emisarios de Marín y la campaña se ahorró los costos de transporte gracias al bolsillo del contrabando.
La estocada: En la justicia electoral, la responsabilidad es del candidato. Gustavo Petro no era un ciudadano común en un vuelo comercial; era un líder buscando el poder máximo del Estado que terminó volando bajo las alas de la ilegalidad. Hoy, la pregunta no es si lo sabía, sino por qué permitió que el dinero de ‘Papá Pitufo’ fuera el combustible de su ascenso.





