
Duda en el Pacto Histórico: Lo que esconden los silencios sobre la salud de Iván Cepeda.
mayo 14, 2026
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mayo 15, 2026“Me equivoqué”: La ceguera de Hacienda que nos costará billones en intereses al 15%.
La reciente emisión de Títulos de Tesorería (TES) por seis billones de pesos no es simplemente una operación financiera más. Es una radiografía de la fragilidad fiscal que atraviesa Colombia y una señal de alarma sobre el deterioro de la confianza en las finanzas públicas del país.
El Gobierno de Gustavo Petro celebró que la demanda de inversionistas superara los 12 billones de pesos, cuatro veces el monto inicialmente previsto. Pero detrás de ese aparente éxito hay una realidad mucho menos favorable: Colombia tuvo que ofrecer tasas cercanas al 15 % para conseguir esos recursos.
En términos simples, el país se está endeudando cada vez más caro.
Y cuando un Estado necesita pagar intereses tan elevados para que le presten dinero, el mensaje del mercado es contundente: la percepción de riesgo aumentó.
La preocupación creció aún más luego de que el propio director de Crédito Público del Ministerio de Hacienda, Javier Cuéllar, admitiera públicamente que se equivocó en sus pronósticos. Hace algunos meses había asegurado que era imposible que las tasas de los TES superaran el 14 %. Sin embargo, la última subasta terminó alcanzando niveles de 14,79 %.
“Me equivoqué en el pronóstico. No lo volveré a hacer”, reconoció Cuéllar, atribuyendo el error a un entorno internacional más agresivo y a una política monetaria más restrictiva de lo esperado.
Su sinceridad puede valorarse, pero la confesión deja un mensaje inquietante: ni siquiera el propio Gobierno logró anticipar hasta dónde podía deteriorarse la percepción de riesgo sobre Colombia.
No es casualidad que economistas, exministros y analistas hayan reaccionado con preocupación. Luis Fernando Mejía advirtió que el mercado está exigiendo una prima de riesgo cada vez mayor debido al deterioro fiscal y a la incertidumbre sobre la capacidad del Gobierno para estabilizar las cuentas públicas. Felipe Campos resumió el problema con una metáfora contundente: mientras el Banco de la República advertía sobre los excesos del gasto, el Gobierno decidió ignorar las señales y terminó financiándose “en un consultorio encima de una panadería al 15 %”.
El problema ya no es únicamente técnico; también es político.
En medio de la controversia, el periodista Julio Sánchez Cristo lanzó un fuerte cuestionamiento al senador Iván Cepeda, una de las principales figuras del Pacto Histórico y posible candidato presidencial del petrismo. Sánchez Cristo recordó que el país hoy crece apenas alrededor de 0,7 %, mientras el Gobierno se endeuda a tasas cercanas al 14 %.
“Tapar un hueco con otro hueco, hay quienes piensan que no es la solución”, afirmó el periodista, retando públicamente a Cepeda a explicarles a los colombianos cuál es la visión económica del proyecto político oficialista frente al creciente endeudamiento del país.
El cuestionamiento no es menor. Colombia está entrando en una dinámica peligrosa donde el gasto público sigue aumentando mientras los ingresos no crecen al mismo ritmo. Eso obliga al Gobierno a buscar más deuda y, al mismo tiempo, a pagar intereses históricamente altos para conseguirla.
Cada punto adicional en la tasa representa miles de millones de pesos más en intereses. Dinero que deja de invertirse en salud, educación, infraestructura o seguridad.
El oficialismo insiste en que parte de este endeudamiento busca refinanciar obligaciones anteriores y garantizar liquidez para el próximo gobierno. Pero endeudarse caro para cubrir gasto corriente no resuelve el problema estructural; simplemente lo aplaza.
La economía funciona también con confianza. Y hoy los mercados están enviando una señal clara: Colombia genera más dudas que certezas.
Las altas tasas de los TES no son un accidente aislado ni un simple efecto internacional. Son el reflejo de un país cuya sostenibilidad fiscal empieza a preocupar seriamente a quienes financian su funcionamiento.
La gran pregunta ya no es si el ajuste fiscal será necesario. La verdadera pregunta es cuánto tiempo más podrá postergarse antes de que la realidad económica termine imponiéndolo por la fuerza.





