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Hay convocatorias que se anuncian como un encuentro y se leen, desde el otro lado, como una amenaza. La que el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) hizo para la Cumbre Indígena y Movilización Social por la Vida, entre el 11 y el 14 de octubre en el resguardo de Kwet Kina, en Caldono, quedó atrapada en esa doble lectura incluso antes de que lleguen las primeras delegaciones. Por eso vale la pena separar lo que se sabe de lo que se teme.
Lo que dijo el presidente
Al término del Consejo de Ministros del 6 de octubre, el presidente Abelardo de la Espriella anunció que su Gobierno garantizará las manifestaciones pacíficas, pero que no permitirá bloqueos de carreteras ni aceptará negociar bajo amenazas o vías de hecho. Dijo estar dispuesto a conversar con las autoridades indígenas legítimas y distinguió entre las comunidades y el CRIC, una diferenciación que la organización recibió como un desconocimiento de sus propias estructuras. También anunció una revisión de los 1,13 billones de pesos que, según registros estatales citados por él, se entregaron en el marco de planes concertados con el CRIC. Conviene decirlo con precisión: anunciar una revisión de recursos no equivale a concluir que hubo irregularidades, y hasta ahora no se ha presentado ninguna.
Lo que respondió el CRIC
La respuesta llegó en una rueda de prensa en territorio indígena, ante autoridades tradicionales y Guardia Indígena. El consejero Miller Hernando Jiménez fue explícito en que la cumbre «no es sinónimo de paro, ni de bloqueo», y explicó que el propósito es debatir la defensa de la vida, los derechos humanos, la tierra, el territorio, las economías comunitarias y la libre determinación, para construir una agenda común que luego será llevada al Gobierno nacional. Participarán organizaciones indígenas y sociales del Cauca, Valle del Cauca, Huila y Caldas.
El consejero mayor, Édgar Fernández Paja, cuestionó lo que considera una estigmatización de una organización con 55 años de trayectoria que ha negociado con distintos gobiernos. Otra autoridad rechazó que se pretenda separar políticamente al CRIC de las comunidades que lo integran, y reclamó respeto por sus formas propias de gobierno. Además, el CRIC ofreció sentarse directamente con el presidente, e invitó a las entidades garantes de derechos humanos a acompañar ese acercamiento.
Las diferencias de fondo
Detrás del cruce de mensajes hay desacuerdos reales. Los dirigentes expresaron preocupación por propuestas normativas sobre la Guardia Indígena, la consulta previa y la protesta social, así como por inquietudes relacionadas con las semillas. Un borrador gubernamental que busca establecer mecanismos de información sobre las guardias indígenas ha despertado reparos entre organizaciones que defienden la autonomía de los pueblos originarios. Estos asuntos serán revisados durante la cumbre, y de ellas saldrán propuestas, según los convocantes, tanto para las comunidades como para las autoridades nacionales.
La fecha tampoco es casual. El 12 de octubre, que para los pueblos originarios es el Día de la Resistencia y no el Día de la Raza, será una de las jornadas centrales del encuentro.
Dos razones legítimas, un riesgo compartido
Ambas partes tienen argumentos que merecen escucha. El Gobierno tiene razón en que la libre circulación por la Panamericana, una arteria vital para el suroccidente, no puede quedar a merced de bloqueos, y en que el diálogo no debería depender de la presión. Los indígenas tienen razón en que reunirse, deliberar y formular propuestas al Estado es un derecho, y en que una cumbre no puede ser tratada de antemano como un hecho de orden público. Ese principio, el de no presumir la confrontación, vale para cualquier organización, sea cual sea su orientación.
El riesgo está en que la desconfianza se vuelva profecía autocumplida: que la advertencia anticipada endurezca posiciones, y que cualquier incidente aislado en la vía sea leído como confirmación del peor escenario. La Panamericana ha sido escenario de bloqueos en el pasado, lo que explica la cautela oficial, pero los organizadores aseguran que esta vez no es su propósito.
Lo que viene
El encuentro aún no comienza. El 14 de octubre, al cierre, los convocantes esperan tener una agenda interna y otra dirigida al Gobierno. Si el CRIC cumple lo que dijo, y si el Gobierno acepta la mesa que se le ofrece, esta cumbre podría ser el primer paso de un diálogo que ambos dicen querer. Si no, el país volverá a un conflicto conocido, con la Panamericana como termómetro. Por ahora, lo único verificable es una promesa pública de cada lado: que no habrá bloqueos y que no habrá negociación bajo presión. Los hechos de los próximos días dirán si esas promesas son compatibles.





