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Hay frases que condenan más que cualquier expediente. «Con cuidado. Creo que es gente corrupta.» No lo escribió un fiscal ni un opositor: lo escribió Gustavo Petro, siendo presidente, en un chat privado con su consejera de confianza. Y esa sola línea —hoy pieza de un informe pericial— vale más que mil discursos sobre la ética del cambio.
Durante años el petrismo vendió una premisa moral: venían a acabar con las roscas, los testaferros y los contratos repartidos entre primos y amigos. Los chats revelados por Semana entre Eva Ferrer y el propio Petro no agrietan ese relato: lo pulverizan desde adentro.
Lo que revelan los mensajes. Ferrer no era una infiltrada: era la amiga íntima de la primera dama. Y desde ese lugar advirtió al presidente, ya en mayo de 2023, sobre «toda una trama de corrupción y de puesta de cargos por parte de los primos de Verónica y Agmeth». Los nombres pesan: Mario Fernández Alcocer, primo de la ex primera dama y diputado de Sucre, y Agmeth Escaf, el actor devenido congresista del Pacto Histórico. Según Ferrer, la querían meter «en reuniones, contratos… la compañía de gas de Barranquilla». ¿La respuesta del presidente? «Con cuidado, creo que es gente corrupta.» Y siguió gobernando.
El frente del dinero. Pero el caso no vive solo en los chats. El 14 de septiembre de 2026, en la Cámara de Comercio de Bogotá, fracasó la tercera conciliación entre Ferrer y Verónica Alcocer por una deuda de más de $640 millones que —según la defensa de Ferrer— corresponde a asesorías de la campaña de 2022 y los primeros meses de gobierno: estrategia, agenda, viajes, incluido uno a Noruega. Alcocer acudió con abogado y no aceptó conciliar; Manel Grau, el catalán cercano a la ex primera dama, ni siquiera se presentó. El pleito va camino a los juzgados civiles.
Y hay más. La Fiscalía indaga los audios de agosto sobre manejo de recursos y contratación estatal. A eso se suma la denuncia de Marcela Ulloa, exjefa de Comunicaciones de Ecopetrol, quien asegura que fue presionada —y luego despedida— por negarse a tramitar un patrocinio cercano a $7.200 millones ligado a proyectos de Ferrer. El nombre de Alcocer y el de Grau vuelven a aparecer.
El veneno que no se atajó. Ahí está el fondo del asunto: el presidente sospechaba corrupción en el entorno de su propia esposa y no movió un dedo institucional. Sospechar y callar, desde la cabeza del Estado, no es prudencia: es complicidad por omisión.
Que quede claro: son chats filtrados y Ferrer no es una testigo desinteresada —reclama dinero y exhibe resentimiento—. Su versión debe pasar por la justicia, no por las redes. Pero el núcleo no cambia: aquí habla el entorno íntimo del poder describiéndose a sí mismo. Una primera dama retratada como «una tirana». Un presidente que reconoce por escrito que a su alrededor había «gente corrupta». Y un país que eligió el cambio y termina leyendo la misma novela: primos, contratos, patrocinios millonarios y silencios cómplices.
La Fiscalía y los jueces tienen ahora la palabra. Ojalá investiguen sin miedo. Porque lo esencial cabe en cinco palabras del mismo hombre que juró combatir la corrupción: «Creo que es gente corrupta.» Él lo supo. Nosotros, por fin, también.





